Humildad y servicio es el título de la reflexión homilética para el domingo 31 del tiempo ordinario, A

Humildad y servicio es el título de la reflexión homilética para el domingo 31 del tiempo ordinario, A
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Humildad y servicio es el título de la reflexión homilética para el domingo 31 del tiempo ordinario, A, (5-11-2017), por el sacerdote y teólogo José-Román Flecha Andrés
"Esto es lo que os mando, sacerdotes: Si no escucháis y no ponéis todo vuestro corazón en glorificar mi nombre, dice el Señor del universo, os enviaré la maldición y maldeciré vuestra bendición". Es tremendo este oráculo divino que transmite Malaquías (Mal 2,1-2). Dios está dispuesto a maldecir los bienes que habían sido distribuidos a los levitas.
Pero no es una condena injusta. El Señor se queja con razón, porque los sacerdotes habían hecho que muchas personas tropezaran en la Ley de Moisés. Su boca no había proclamado el camino recto. Y habían sido parciales en la aplicación de las normas legales.
El texto se cierra con un lamento del profeta, que es aplicable a todos los creyentes de todos los tiempos y lugares: "¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos creó el mismo Dios? ¿Por qué entonces nos traicionamos unos a otros, profanando la alianza de nuestros padres?" (Mal 2,10).
A esas quejas respondemos humildemente en el salmo responsorial, cantando: "Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros" (Sal 130,1). De esa humildad nos da ejemplo el apóstol Pablo en su primera carta a los fieles de Tesalónica, al confesar: "Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos" (1Tes 2,7).
TRES FALTAS
En la primera parte del evangelio que hoy se proclama, Jesús advierte a la gente de las graves faltas de los letrados y de los fariseos (Mt 23,1-7).
TRES CONSEJOS
En la segunda parte de este texto evangélico, Jesús se dirige a sus propios discípulos con tres advertencias importantes (Mt 23,8-12).
– Señor Jesús, reconocemos nuestros pecados que escandalizan a nuestros hermanos. Que tu Espíritu nos ayude a ser siempre humildes y servidores de los demás, puesto que todos nosotros somos hijos del mismo Padre celestial. Amén.
José-Román Flecha Andrés





