Homilía quinto Domingo de Pascua, C, (24-4-2016), por José-Román Flecha de Andrés

Homilía quinto Domingo de Pascua, C, (24-4-2016), por José-Román Flecha de Andrés
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Homilía quinto Domingo de Pascua, C, (24-4-2016), por José-Román Flecha de Andrés
Tribulación y amor es el título homilético para Homilía Quinto Domingo de Pascua, C, (24-4-2016), por José-Román Flecha de Andrés
"Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios" (Hech 14, 22). Esa podría ser una de esas frases que nos envían con frecuencia los amigos. Llegan superpuestas a una hermosa foto de un lago o de la cumbre nevada de un monte. A primera vista nos impresionan. Después las olvidamos, atraídos por la belleza del paisaje.
En la ciudad de Listra, colonia romana y patria de Timoteo, los apóstoles Pablo y Bernabé habían curado a un hombre tullido. Al ver el portento, las gentes quisieron adorarlos como a dioses, Pero ellos pregonaron a gritos que eran hombres y nada más. El texto nos da cuenta de la persecución que sufrieron en las ciudades de Licaonia.
"Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios". Esa frase no es un lema inocente para encabezar la predicación de un retiro espiritual. No es una pura teoría. Es la conclusión de una experiencia de persecución sufrida por los apóstoles. Sólo después de haber sufrido, podían animar a los hermanos con esta exhortación.
LA HORA
El evangelio que se proclama en este quinto domingo de Pascua (Jn 13,31-35) se sitúa en el escenario de la última cena de Jesús con sus discípulos. Exactamente, después de que Judas salió del Cenáculo para internarse en la noche. Para él había llegado la hora de entregar a su maestro en manos de los sacerdotes del templo de Jerusalén.
Y EL MANDATO
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Jesús había recogido la regla de oro de todas las culturas (Mc 12,31), según el texto que se leía en el libro del Levítico (Lev 19,18). Pero en la hora de su despedida modificaba sustancialmente aquel precepto:
– Señor Jesús, si tú has llamado hijos a tus discípulos, eso significa que todos son hermanos. Que somos hermanos. Y que solo el amor puede ser la señal para reconocernos y hacernos reconocer. Danos tu luz para que comprendamos el signo y el significado de esa entrega personal. Enséñanos a amar como tú nos has amado. Amén.
José-Román Flecha Andrés





