Homilía y ángelus de los papas para el domingo 25 TO, A (21-9-2014)

Homilía y ángelus de los papas para el domingo 25 TO, A (21-9-2014)
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Homilía y ángelus de los papas para el domingo 25 TO, A (21-9-2014)
NVulgata 1 Ps 2 E ? BibJer2ed (en) ? Concordia y ©atena Aurea (en)
Texto recopilado por Gregorio Cortázar Vinuesa, OSD
(1/5) Benedicto XVI, Ángelus 18-9-2011 (de hr es fr en it pt).
(2/5) Benedicto XVI, Ángelus 21-9-2008 (de hr es fr en it pt).
(3/5) San Juan Pablo II, Ángelus 23-9-1990 (es it).
(4/5) San Juan Pablo II, Exhort. ap. Christifideles laici 30-12-1988 (de zh es fr hu en it lt pl pt), 2 y 45.
(5/5) San Juan Pablo II, Homilía en Ferrara 23-9-1990 (it):
"Queridos hermanos y hermanas:
La palabra que proviene de Dios tiene una larga historia. "Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo" (Hb 1, 1-2). En el Hijo encarnado se realiza la plenitud de la palabra revelada. Él es el Verbo eterno, que "se hizo carne y puso su morada entre nosotros" (Jn 1, 14). Y él mismo, como dueño de la viña, nos invita a participar en el banquete de la Palabra de Dios y de la Eucaristía (…).
Al mismo tiempo, este Dios, absolutamente por encima de nuestros pensamientos y de nuestras vidas, más allá de todo lo creado, llama al hombre y lo solicita con la invitación del profeta: "Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca" (Is 55, 6). Dios, pues, está lejos, pero también cerca. Lo abraza todo, lo penetra todo. "Pues en él vivimos, nos movemos y existimos", proclamará Pablo ante el Areópago de Atenas (Hc 17, 27-28).
La conclusión de la parábola puede parecer misteriosa. A los hombres de la última hora se les da la misma recompensa pactada para los demás, que "han aguantado el peso del día y el bochorno" (Mt 20, 12). El comportamiento del dueño de la viña parece provocativo y no extraña que suscite protestas. Puede ser también instintivo tener celos y envidia porque otro obtenga, sin mérito de su parte, lo que nosotros hemos podido conquistar solo con duro esfuerzo. Pero la justicia divina es muy distinta de la humana. ¡Es inútil comparar los caminos de Dios con los angostos senderos de nuestros razonamientos!
En la liturgia, la Iglesia prepara para nosotros la mesa de la Palabra de Dios, para que, al escucharla, nos disponga a acercarnos a la Eucaristía, banquete místico del Cuerpo y de la Sangre del Señor. En tan inefable sacrificio, el Hijo, de la misma sustancia del Padre, habla sin palabras. La cruz es su palabra más eficaz y decisiva. También el Padre eterno se manifiesta, de forma absoluta y definitiva, en esta palabra del Hijo. Es la palabra de la Redención, la palabra de vida eterna: "Para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Después de esta palabra, en la historia de la revelación divina ha sobrevenido el silencio colmado por la venida del Espíritu Santo. Pero un silencio que hace vivir. "El Espíritu es quien vivifica" (Jn 6, 63).
La Eucaristía: ¡Cristo glorificado en nuestro cuerpo! Cristo glorificado tanto en la vida como en la muerte (cf Flp 1, 20); muerte, que es apertura hacia la nueva plenitud de la vida entregada a la humanidad por el Salvador; vida, que el Espíritu produce en nosotros: el Espíritu que da la vida. ¡Escuchemos, pues, la palabra del evangelio! Escuchemos la palabra de la cruz y de la resurrección! Que nuestros corazones estén abiertos constantemente. ¡Que en la vida y en la muerte ?siempre? Cristo sea glorificado en nosotros! ¡Con él nosotros también estamos llamados a la gloria! Estamos llamados a la vida en él. ¡En Dios! Amén".





