Dos montes y dos hijos

Dos montes y dos hijos
Madrid - Publicado el - Actualizado
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"No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo" (Gén 22,12). El ángel del Señor evita que Abrahán sacrifique a su hijo Isaac en lo alto de un monte. Viendo cómo ha respondido a "la prueba", Dios le promete una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y las arenas de las playas.
¿Cómo puede Dios pedir a un padre que le ofrezca en sacrificio a su único hijo? Se olvida que el texto trata de evitar precisamente eso. Viendo a sus dioses como origen de la vida los cananeos les ofrecían la vida de sus primogénitos. Pero el Dios de Israel prefiere el sacrificio de un corazón contrito y humillado. Abrahán es modelo de fe y de obediencia a Dios. Y eso le merece la bendición deDios.
Al modo de Abrahán nosotros respondemos con generosidad a la llamada de Dios: "Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos" (Sal 115). San Pablo nos recuerda que Dios no se reservó a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros (Rom 8,31-34). La generosidad de Dios es mayor que la de Abrahán. Y en Jesús se hace realidad la figura de Isaac.
EL MONTE Y LA ESCUCHA
En el evangelio de este segundo domingo de cuaresma se nos recuerda la imagen de la transfiguración de Jesús, narrada este año por el evangelio de Marcos (Mc 9, 1-9). La elección del texto del sacrificio de Isaac es muy significativa.
LA PALABRA DE DIOS
En el relato evangélico de la transfiguración de Jesús nos llama la atención la mención de la palabra en la relación entre lo divino y lo humano.
Padre santo, sabemos que tú te haces presente en nuestra vida entre las sombras de una nube. Ya que nos concedes el privilegio de poder escuchar tu voz, ayúdanos a aceptarla con gratitud y a comunicarla con generosidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.





