Descubre el estilo artístico de uno de los pintores religiosos más prestigiosos de la historia

Uno de sus cuadros más célebres ha sido subastado en Londres en las últimas horas

Descubre el estilo artístico de uno de los pintores religiosos más prestigosos de la historia

 

Redacción Religión

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 12:34

Uno de los cuadros más representativos del pintor extremeño Francisco de Zurbarán (1598-1664), “Cristo en la cruz', ha sido subastado por primera vez en más de 25 años en la casa Sotheby's de Londres. Una monumental obra barroca de uno de los máximos representantes de la pintura en el Siglo de Oro español. Zurbarán es uno de los pintores más representativos del arte religioso del siglo XVII.

El lienzo “Cristo en la cruz' es una representación a escala real del Cristo crucificado del maestro español. En COPE.es hacemos un repaso por sus cuadros religiosos más representativos;

San Ambrosio, 1626-1627

Museo de Bellas Artes de Sevilla

Como protagonista único está San Ambrosio (Tréveris, c. 339-Milán, 397), alto funcionario romano, que fue nombrado obispo de Milán, capital del imperio de Occidente, por aclamación popular cuando era todavía un simple catecúmeno. La obra ingresó en el Museo de Bellas Artes de Sevilla con el título de Santo Obispo, pero fue identificado gracias a la inscripción parcialmente borrada situada en la parte superior izquierda del cuadro. Es en estas grandes y expresivas figuras aisladas donde Zurbarán muestra sus mejores capacidades artísticas.

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Siluetas monumentales, impresionantes, emergen de un fondo oscuro iluminado desde la izquierda por una fuente de luz invisible. Esta iluminación a lo Caravaggio acentúa la increíble plasticidad de las formas. El rostro del santo, muy caracterizado, es el retrato de un hombre sumido en una intensa meditación. Las dotes de retratista del joven Zurbarán aparecen ya claramente definidas desde sus obras más tempranas.

Martirio de Santiago, 1636-1640

Museo del Prado, Madrid

Recientemente restaurada, es una pintura firmada pero no fechada, que el maestro realizó en su etapa más brillante y fructífera, hacia 1636-1640. Una quietud misteriosa invade la composición, realizada a partir de dos estampas de la Vida de santa Catalina de Alejandría grabadas por Anton Wierix III (1596-1624).

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Otros detalles del cuadro, como la extraordinaria cabeza del perro o el judío de perfil a la derecha, derivan de modelos de Durero, pero Zurbarán interpreta esos grabados con su magistral habilidad para el colorido y su extraordinaria capacidad para reproducir las texturas de lo representado. El origen de este importante lienzo de composición monumental ha sido discutido. En la venta de la colección de Luis Felipe de Orleans en Londres en 1853 se especificaba que procedía «de un convento de Extremadura».

San Francisco en meditación, 1639

The National Gallery, Londres

El «poverello de Asís», uno de los santos favoritos de la Reforma católica postridentina, fue el santo que Zurbarán pintó más veces a lo largo de su carrera. Son numerosas las representaciones de San Francisco con distintas iconografías: arrodillado en oración, en el milagro de la Porciúncula, durante la estigmatización o muerto según la visión del Papa Nicolás V.

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Del santo en meditación existen muchas versiones, sobre todo si se consideran también las que presentan intervención del taller. Desde el punto de vista cromático, los pardos y los tonos tostados del santo destacan fuertemente iluminados contra un fondo sombrío con un paisaje crepuscular al fondo.

San Serapio, 1628

Hartford, Wadsworth Atheneum Museum of Art, CT. 

Colgado por las muñecas y expirante, el San Serapio de Zurbarán no aparece con las tremendas llagas de su espantoso martirio. Al pintor nunca le gustó insistir en la representación horrenda de cualquier muerte violenta con sus detalles sangrientos, por lo que prefirió esconder el cuerpo del santo martirizado bajo el bellísimo hábito blanco de la Merced. Como un Cristo crucificado, la cabeza del ajusticiado cae sobre su hombro derecho con una logradísima expresión de abandono, de aceptación y de serenidad.

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Zurbarán consigue aquí reflejar con una rigurosa precisión anatómica y un increíble verismo al fraile mercedario a punto de morir, con sus ojos cerrados y su boca entreabierta. Llama poderosamente la atención la intensa expresión del humilde mártir que ha cumplido por fin su misión terrenal.

Apoteosis de Santo Tomás de Aquino (1631)

Museo de Bellas Artes de Sevilla

La Apoteosis de Santo Tomás de Aquino es un óleo sobre lienzo de grandes dimensiones, ya que mide 475 cm de alto por 375 cm de ancho, que Zurbarán realizó para ser expuesto en el testero del retablo mayor de la iglesia del convento de Santo Tomas de Aquino en Sevilla, aunque actualmente puede verse en el Museo de Bellas Artes de dicha ciudad.

El lienzo está dedicado a Santo Tomas de Aquino, una de las figuras más relevantes de la teología cristiana medieval. En la parte inferior vemos a fray Diego de Deza, arzobispo de Sevilla, de la orden de los dominicos. Fue gracias a él por el que se funda el convento en 1517 con la aprobación real de Carlos V que es el que se sitúa enfrente. Vemos también como Zurbarán, al igual que otros pintores del siglo XVIII, usa el recurso de colocar una columna en el medio de la composición en este caso, para dar esa sensación de estar en un espacio exterior e interior en el mismo plano.

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Ya en la parte superior, lo que vemos es un rompimiento de gloria, con Santo Tomas al centro escribiendo su obra “Summa Theologiae” recibiendo la ayuda del espíritu santo, acompañado de los cuatros padres de la Iglesia en una sacra conversación. En el nivel superior, aparece Jesucristo resucitado con la cruz a cuestas al lado de la Virgen y a otro lado Santo Domingo dialogando con San Pablo.

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