Francisco y el camino de la paz: Volver a Helsinki y dialogar con todos

Andrea Tornielli analiza el discurso del Papa a las autoridades kazajas y asegura que invita a salir de la lógica de los bloques en la que el mundo ha vuelto a caer

Andrea Tornielli / Vatican News

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“Es la hora de evitar la intensificación de rivalidades y el fortalecimiento de bloques contrapuestos. Necesitamos líderes que, a nivel internacional, permitan a los pueblos entenderse y dialogar, y generen un nuevo “espíritu de Helsinki”, la voluntad de reforzar el multilateralismo, de construir un mundo más estable y pacífico pensando en las nuevas generaciones". El Papa Francisco piensa en el futuro del mundo, no se rinde a la lógica terrible y sin salida de la escalada militar que corre el riesgo de destruir a la humanidad, y por eso sigue indicando caminos concretos para la paz. Formas de salir de la vieja lógica de las alianzas militares, de la colonización económica, del poder abrumador de los grandes y fuertes a nivel internacional.

Desde la capital kazaja de Nursultán, donde en septiembre de 2001 Juan Pablo II, en un momento trágico de la historia de la humanidad, lanzó su grito para eliminar cualquier justificación del terrorismo y de la violencia que abusa del nombre de Dios, su sucesor Francisco llamó a renovar el espíritu que en 1975 condujo a pasos concretos de diálogo entre Oriente y Occidente. Hace 21 años, el llamamiento del Papa Wojtyla -que unos meses antes de los atentados contra las Torres Gemelas había entrado descalzo en la mezquita de los Omeyas en Damasco- se dirigía ante todo a los líderes religiosos. Hoy la de su segundo sucesor, preocupado por la Tercera Guerra Mundial ya no "en pedazos", se dirige sobre todo a los dirigentes de las naciones, especialmente a los grandes.

Los Acuerdos de Helsinki, en los que la Santa Sede participó plenamente por primera vez en una reunión de este tipo desde el Congreso de Viena, fueron firmados por treinta y cinco Estados, entre ellos Estados Unidos, la URSS y prácticamente todas las naciones europeas. Entre los principios afirmados se encuentran el respeto a los derechos de soberanía, el no recurso al uso de la fuerza, la solución pacífica de las controversias, la inviolabilidad de las fronteras y la integridad territorial de los Estados, el respeto a los derechos humanos y las libertades, incluidas las religiosas, y la autodeterminación de los pueblos.

Una mirada a la historia reciente, con el paulatino desvanecimiento de las muchas esperanzas que se encendieron tras la implosión del sistema comunista soviético, nos ayuda a comprender la acuciante actualidad y también la audacia de la perspectiva indicada por el Sucesor de Pedro. Un camino que sólo puede pasar por la comprensión, la paciencia y el diálogo con todos. "Repito, con todos", remarcó deliberadamente Francisco en su discurso a las autoridades y al cuerpo diplomático en la capital kazaja.

Palabras como "diálogo" y "negociación", más de seis meses después del inicio de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania y tras miles de muertes de civiles bajo los bombardeos rusos, son recibidas con irritación y consideradas casi blasfemas por quienes están pagando caro las consecuencias del conflicto en su propia piel y en la de sus seres queridos. Pero el llamamiento del Papa, que hablaba de la necesidad cada vez más apremiante de "ampliar el compromiso diplomático a favor del diálogo y el encuentro", se dirige en particular a "los que en el mundo tienen más poder" y, por tanto, "tienen más responsabilidad hacia los demás, especialmente los países que están más en crisis por la lógica del conflicto". Es una invitación a los grandes del mundo para que no miren sólo "los intereses que les benefician". Es la invitación a salir de la lógica de los bloques para aplicar por fin lo que Francisco llama "esquemas de paz" y no ya los "esquemas de guerra", hijos de la vieja lógica y de la locura de la carrera del rearme. Es de esperar, por parte de todos, que estas palabras sean escuchadas.

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