El Vaticano explora los agujeros negros para intentar comprender mejor el universo

El encuentro, que se celebrará del 16 al 21 de junio, contará con destacadas voces del mundo de la cosmología y la física, entre ellos varios Premios Nobel

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Ante el eterno debate sobre si la religión y la ciencia son temas contrapuestos, desde el siglo XVI los papas hicieron una apuesta decidida por la investigación astronómica, que concluyó con la construcción del primer Observatorio Astronómico en el Vaticano. El lema de esta institución es “Venid a adorar al Dios Creador”, y desde sus orígenes ha contribuido de forma relevante al conocimiento del universo. Los cosmólogos y astrónomos de la “Specola Vaticana” (su nombre oficial) están en la vanguardia de la investigación científica y sus publicaciones se estudian en todo el mundo.

Siguiendo esta misma línea, el próximo 16 de junio, el Observatorio Astronómico de Castel Gandolfo, conocido como Specola Vaticana convoca una Cumbre Internacional a la que acudirán expertos de todas las áreas relacionadas con la investigación astronómica: cosmólogos, matemáticos, planetistas, físicos. El tema de partida serán los agujeros negros , las ondas gravitacionales y las relaciones espacio-tiempo.

No es la primera vez que abordan este tema. En el de 2017 participaron también científicos como el premio Nobel de Física en 1999 Gerald't Hooft, o el cosmólogo George Ellis y también tuvo como objetivo rendir homenaje al sacerdote y astrónomo belga George Lemaître, conocido por proponer la teoría del Big-Bang. A cincuenta años de su muerte, se profundizó en las últimas novedades sobre las ondas gravitacionales y la relación Espacio-Tiempo, comparando también la física cuántica con la teoría de la Relatividad General.

Lemaître fue director de la Academia Pontificia desde 1960 hasta 1966, año de su muerte. Fue el primero que en 1927 explicó el movimiento de recesión de las galaxias como un efecto de la expansión del Universo, y lo consiguió resolviendo las complejas ecuaciones de la teoría de la Relatividad de Einstein, una cuestión que como ha señalado Padre Gabriele Gionti, vicedirector del Observatorio Vaticano, revaloriza aún más la figura del sacerdote belga Lemaître, padre de la teoría del origen del cosmos, que se atrevió a poner en cuestión las investigaciones de Albert Einstein, con lo que consiguió revolucionar la astronomía.

La conferencia acogerá en Castel Gandolfo entre los días 16 y 21 de junio a más de 40 científicos

En esta nueva edición también participarán los premios Nobel Adam Riess y Roger Penrose; los cosmólogos y físicos teóricos Andrei Linde, Joseph Silk,Wendy Freedman, Licia Verde, CumrunVafa y el ganador de la Medalla Fields, Edward Witten.

Durante la rueda de prensa de presentación del congreso se subrayó que se pretende “fomentar una interacción fructífera entre los estudiosos de la cosmología teórica y observacional”. Para ello, entre los temas que se llevarán a discusión se fundamentará que la ciencia es un camino privilegiado para encontrar la verdad, aunque ésta sea parcial tal como se comprueba en una de las teorías físicas más conocidas: la del Big Bang o expansión del universo, propuesta inicialmente por Georges Lemaître para explicar el origen del mundo. Desde el primer momento Lemaître era consciente de que el planteamiento de un Universo eterno no contradecía su creencia en un Dios hacedor del mundo, ya que un Universo creado no necesita un comienzo en el tiempo. Las conclusiones del simposio se harán públicas el 21 de junio en Albano Laziale

El Observatorio Vaticano es uno de los más antiguos del mundo

En el año 1578 el papa Gregorio XIII ordenó la construcción de la llamada Torre de los Vientos, dentro de los jardines vaticanos, desde donde se realizaron minuciosas observaciones de la posición del Sol en el cielo, que facilitaron la posterior reforma del Calendario Gregoriano. Un encargo que recayó desde ese primer momento en los jesuitas astrónomos y matemáticos del Colegio Romano. León XIII, ya a finales del siglo XIX fundó el Observatorio de la colina vaticana, detrás de la Basílica de San Pedro. Desde allí se trabajó intensamente en la elaboración de un programa internacional de suma importancia: la Carta Fotográfica del cielo.

En estos momentos el Observatorio Vaticano recibe el nombre técnico de Specola Astronómica Vaticana y tiene su sede principal en la que fue residencia veraniega de los Papas, el Palacio de Castel Gandolfo, a unos 25 kilómetros al sureste de Roma. El traslado desde el Vaticano hasta las nuevas instalaciones se hizo necesario porque hacia el año 1930 la contaminación lumínica que había en Roma no facilitaba la observación del cielo. Años después, este mismo problema se reprodujo en Castel Gandolfo, por lo que tuvo que buscarse una nueva sede para que el grupo de científicos vaticanos pudiera seguir adelante con la investigación.

Hoy en día, el Vaticano cuenta con una segunda sede internacional en la Universidad de Arizona, en Estados Unidos. Se trata del observatorio Steward. Allí disponen también de un telescopio de tecnología avanzada, (VATT, por sus siglas en inglés), situado en el monte Graham. El personal del observatorio viaja constantemente de una a otra sede. En muchas ocasiones se recopilan datos en Arizona y se analizan los resultados en Castel Gandolfo, que sigue siendo la sede principal. Allí, cada dos años se pone en marcha una escuela de verano para estudiantes de astronomía y tienen lugar congresos científicos de primer nivel.

El Observatorio desarrolla programas de investigación en colaboración con muchos institutos astronómicos internacionales y es miembro de la Unión Astronómica Internacional (IAU) y del Centro Internacional de Astrofísica Relativística (ICRA).

Los resultados de las investigaciones realizadas se publican en revistas internacionales. El Informe Anual se envía a unos 400 institutos esparcidos por todo el mundo. Aproximadamente cada dos años se organizan encuentros internacionales a los que se invitan a científicos para tratar argumentos que son objeto de estudio del Observatorio, y cuyas actas se publican después en un volumen propio.

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