Todo lo que siempre quisiste saber sobre el estado más pequeño del mundo

Ahora ya es posible conocer los entresijos del Vaticano gracias al libro “Descifrando el Vaticano”, escrito por el veterano vaticanista Juan Vicente Boo y publicado por Espasa

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No andaba descaminado el Papa Francisco cuando en el avión rumbo a Irlanda, en agosto de 2018, dio la clave sobre las dificultades que encierra conocer a fondo lo que ocurre en las entrañas de la “jungla” vaticana. El veterano vaticanista de ABC, Juan Vicente Boole preguntó a bocajarro: —Para mí, escribir sobre lo que usted hace y dice es muy fácil. Pero, ¿cómo explicar mejor el Vaticano? —¿¡El Vaticano!? Respondió el Papa con ojos como platos y sonrisa pícara. —¿El mundo dentro del Vaticano?... ¡Ni yo mismo lo sé!

Por sorprendente que parezca nadie hasta el momento se había atrevido a meterse hasta el fondo del pasillo de las dependencias vaticanas para ofrecernos una guía completa, ágil e imprescindible sobre el sistema organizativo del estado más pequeño del mundo, de sus estructuras internas, incluso de sus debilidades. Es lo que ha hecho Juan Vicente Boo en su nuevo libro, que llegará a las librerías el 17 de febrero. Se titula 'Descifrando el Vaticano” (Espasa) y su lectura ayudará a detectar las numerosas noticias falsas y las intoxicaciones que surgen a diario en torno al Papa y al Vaticano. Un texto que facilita centrarse en lo esencial e invita a sumergirse en “una dimensión desconocida, casi “mágica”, donde lo invisible es más importante que lo visible”.

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Aventurarse en la enrevesada maraña vaticana es una actividad apta para valientes y los que trabajan en ello deben dedicar muchas horas a estudiar la organización de sus dicasterios, oficinas, secretarías, academias, departamentos, etc. Juan Vicente Boo ofrece un master acelerado de todo lo que se cuece en los fogones de los papas, con una lectura amena, llena de anécdotas y descubrimientos que te deja siempre con sed de saber más. Algunos capítulos incluyen elementos de novela negra, dignos de formar parte de una serie de Netflix, como la investigación del caso Vatileaks, el escándalo de la filtración de documentos reservados, en el que al final, como en las películas, el culpable resultó ser el mayordomo.

Tras veintidós años informando sobre el Vaticano y haber acompañado a san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco en más de sesenta viajes internacionales, al corresponsal de ABC le asustan o sorprenden pocas cosas. Lleva sumadas muchas horas escuchando, mirando y escribiendo. Y si a esto se le añade que previamente ha lidiado como corresponsal en Bruselas, Hong Kong y Nueva York, trabajando con organizaciones internacionales complejas, se entiende que pueda permitirse ofrecer una visión periférica general y aportar contexto sin dar lecciones a nadie: “Si los Papas evitan “pontificar”, es ridículo que lo hagamos los periodistas”.

Confusiones frecuentes: ¿Sabes distinguir la Santa Sede del Vaticano?

El libro de Juan Vicente Boo se divide en dos partes. Como por arte de magia consigue encuadrar el organigrama administrativo sin agotar al lector. En la primera parte aclara alguno de los errores habituales, la diferencia entre la Santa Sede y el Estado Vaticano, dos entidades muy distintas en sus funciones.

La Santa Sede se ocupa fundamentalmente de las tareas de carácter religioso, tanto doctrinales como de gobierno. Desde una encíclica o una canonización hasta el nombramiento o cese de un obispo.

El Estado Vaticano se encarga de las cuestiones logísticas, como puede ser la distribución del correo, el cuidado de los jardines, o la vacunación de sus ciudadanos, incluyendo los servicios de seguridad que realiza la Gendarmería Vaticana.

¿Cuánto “cuesta” hacer santa a una persona?

Uno de los “siete arcos” que sostiene la estructura vaticana es el Departamento de los Santos: “Juan Pablo II simplificó mucho los procedimientos, y a lo largo de sus 26 años de pontificado proclamó nada menos que 1.341 nuevos beatos —incluyendo numerosas causas de martirio colectivo en los últimos siglos— y 482 nuevos santos. A su vez, Francisco puso orden en un aspecto secundario de los procesos que había dado lugar a muchas corruptelas: la falta de transparencia en el manejo de fondos de las causas y en los costes de cada fase”.

El libro explica que esta oficina funciona como un tribunal parecido a los de habilitación de profesores universitarios o a los tribunales civiles y hay que hacer pagos en siete momentos del proceso: cuatro durante el examen del martirio o de la heroicidad de las virtudes, y tres durante el examen del presunto milagro requerido para la beatificación o la canonización.

Lo realmente importante, subraya Juan Vicente Boo es que sigue habiendo innumerables “santos de la puerta de al lado”, la expresión acuñada por el papa Francisco. El autor guarda un recuerdo imborrable de cuando en octubre de 1998 informó por primera vez de una canonización, la de Edith Stein: “Escribir para un diario sobre un personaje de tal envergadura humana, intelectual y espiritual, me ayudó a descubrir que un periodista no puede informar correctamente sobre el Vaticano sin tener como referencia el ejemplo personal de los santos. Sería como informar de unos Juegos Olímpicos… ¡omitiendo a los atletas!”.

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¿El Vaticano tiene calabozos?

Hasta hace unos años cuando se cometía un delito dentro del Vaticano, los “castigos” se limitaban a traslados o retrasos en los ascensos, evitando que trascendiera lo menos posible a la opinión pública. La situación cambió radicalmente en mayo de 2012 con la filtración de centenares de documentos confidenciales de Benedicto XVI a un periodista italiano.

El juez ordenó prisión preventiva inmediata del responsable, el mayordomo de Benedicto XVI, que se convirtió en el primer inquilino duradero de la celda de la Gendarmería Vaticana. Al final no llegó a cumplir ni la mitad de la sentencia pues el 22 de diciembre Benedicto XVI fue a visitarle al calabozo para comunicarle que le perdonaba y que había firmado su indulto para que pudiera celebrar ya la Navidad con su familia: “Pero al menos había quedado claro que en el Vaticano había unos gendarmes, un fiscal, una celda y un tribunal para asuntos penales. Por fortuna, la mayor parte de los años el Tribunal no emite condenas graves, y la celda de la Gendarmería tiene pocas visitas”.

¿Cuántos embajadores tiene el Vaticano?

A diferencia de los demás Estados, pequeños o grandes, el Estado del Vaticano no tiene embajadores: solo los tiene la Santa Sede —el organismo religioso—, y se llaman “nuncios apostólicos”

La Santa Sede es, después de Washington, el «número dos» mundial en cuanto a embajadores acreditados. En 2020 sumaban ciento ochenta y cinco, la mitad de ellos residentes en otras capitales europeas por llevar la representación de sus Gobiernos ante varios Estados. Pero nada menos que noventa con sede en Roma. En conjunto, suponen una extraordinaria «caja de resonancia» de los asuntos mundiales y un marco que permite crear discretamente líneas de cooperación para el bien, desde la ayuda a países en desarrollo, hasta el respaldo a nuevos tratados internacionales en temas de interés social o acuerdos de paz entre países enemistados

¿Sabes distinguir los documentos de la Santa Sede?

Para ganar claridad en medio de todos los mensajes y documentos que surgen a diario de la Santa Sede, Boo aconseja que se observe muy bien el nivel o rango de cada texto.

Como primera medida, hay que comprobar si el documento procede del Papa o tan solo de los organismos administrativos. En muchas ocasiones los medios de comunicación ponen en boca del Papa decisiones o iniciativas que no le corresponden: “Es como si se atribuyera al jefe de Estado o al primer ministro un reglamento emitido por un ministerio o una mera dirección general, por ejemplo”.

Curiosidades que encontrarás en “Descifrando el Vaticano”

-La plantilla del Vaticano sumaba a principios del siglo XXI nada menos que cinco mil empleados. A la pregunta de cuánta gente trabajaba en el Vaticano, san Juan XXIII respondió una vez sonriendo: “Menos de la mitad”.

-Los Museos Vaticanos se llaman así, en plural, porque son una veintena. Forman un asombroso "museo de museos".

-La Biblioteca del Vaticano cuenta hoy 1.600.000 libros impresos, entre los que figuran más de 8.000 incunables, 180.000 manuscritos, incluidas obras de los grandes filósofos y poetas de la Antigüedad, o el Papiro 75 (Papiro Hanna), regalado al papa Benedicto XVI por el empresario y filántropo norteamericano Frank Hanna III en 2007, datado a principios del siglo III y que contiene los evangelios de Lucas y Juan en griego.

-El número total de Cardenales suele superar los doscientos, pero los que de verdad cuentan son los aproximadamente ciento veinte cardenales electores con menos de ochenta años, la edad a la que dejan absolutamente todos sus cargos y responsabilidades.

-La Secretaría de Estado es el «puente de mando» de la Santa Sede y del Vaticano. El secretario de Estado es, realmente, el «número dos» del Papa. Como el de los demás cargos en el Vaticano, su mandato dura cinco años, pero se suele renovar.

-La Guardia Suiza es el ejército más pequeño del mundo, formado por solo ciento treinta y cinco soldados. Desde el atentado contra Juan Pablo II en 1981, ha multiplicado su entrenamiento en técnicas de defensa personal, escolta de autoridades y uso de armas cortas en medio de civiles hasta convertirse en un cuerpo de élite.

-El Sínodo de Obispos es uno de los organismos que ayudan al Papa en su tarea de magisterio y de gobierno. En términos civiles se podría decir que es un foro de encuentro y de reflexión.

-La Santa Sede forma parte de Naciones Unidas, pero no como «Estado miembro», sino como «observador permanente», un estatuto especial que le permite participar en los debates y ser miembro de pleno de las agencias especializadas que le interesen.

-A comienzos de los años veinte del siglo XXI, el número total de obispos rondaba los cinco mil cuatrocientos, pues las diócesis grandes cuentan con varios obispos auxiliares.

-La Iglesia está compuesta en su 98,9% por fieles laicos, hombres y mujeres de a pie frente al 1,1% que representa el conjunto de sacerdotes, religiosos y religiosas.

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