El cardenal Krajewski: “Le hablé al Papa de mi misión, tiene el corazón destrozado por Ucrania”

Continúa el viaje del cardenal limosnero del Papa por Ucrania para llevar la cercanía de Francisco y material de primera necesidad

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Redacción Religión

Publicado el - Actualizado

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El cardenal Konrad Krajewski, limosnero del Papa Francisco, continúa su viaje por Ucrania, lugar al que partió el pasado 17 de noviembre para llevar generadores eléctricos y camisetas térmicas. Tras su paso por Lviv ha intercambiado una serie de mensajes con el Santo Padre, al que “le he explicado lo que hago, dónde estoy, qué he estado haciendo estos días. Inmediatamente me envió un mensaje muy largo para darme ánimos, para decirme que tiene el corazón partido por Ucrania y que está cerca”, indicó el cardenal.

Presencia cristiana

Krajewski ha confesado “estar cansado”. Un cansancio dado por jornadas exigentes, repartidas entre transportes y traslados, algunos incluso de 25 kilómetros, de colas en la frontera y también, emocionalmente, del impacto con la gente que vive el drama del frío y la oscuridad, por la falta de electricidad. “Es una presencia cristiana”, dice el cardenal. Incluso el Papa se lo recordaba: “eso es lo que haría Jesús, que siempre se ponía en el lugar de la gente, que estaba enferma, que sufría. Compasión... Nosotros también debemos imitarle, este mensaje da coraje…”.

Una gota en el océano

Por otro lado el cardenal explica "estar contento", recordando la misión de los últimos días, "hemos conseguido llevar tantos generadores, tantas cosas en estos días, a gente sin luz, sin electricidad, sin agua. Es una gota, pero la gota va al río y del río al mar. Debemos razonar según la lógica del Evangelio. Nosotros hacemos las pequeñas obras, las grandes son del Señor”.

Tanto pecado, pero también tanta gracia

El cardenal revela también el impacto emocional de este nuevo itinerario en Ucrania, ya visitada varias veces desde la primera semana tras el estallido de la guerra. "Este viaje no es fácil, la gente está sufriendo mucho", afirma. Junto al dolor, existe, sin embargo, el consuelo de ver a tanta gente que no escatima en ayudar: "Todos los días me encuentro con los voluntarios: son extraordinarios, maravillosos. O los que abren todo en cuanto llego al almacén. Y los bomberos que vienen a cargar el coche y no les importa si es la tercera, la cuarta vez al día... Verdaderamente, donde hay pecado, también hay mucha gracia".

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