Las Franciscanas de la Inmaculada acogen con “inmensa alegría” el decreto de virtudes heroicas de su fundadora

El lema de la Congregación es 'hagan siempre el bien' y se refleja en las numerosas obras sociales dedicadas a la educación de niños

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La congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada, cuya Casa General se encuentra en Valencia, ha acogido con “inmensa alegría y emoción” la autorización por el papa Francisco del decreto de virtudes heroicas de su fundadora, la valenciana Francisca de la Concepción Pascual Doménech, porque supone el primer paso en su proceso de beatificación.

Tras la aprobación del decreto de virtudes heroicas de la fundadora, a la que también el Papa le ha otorgado el título de “venerable”-, la superiora general de la congregación, la venezolana Aniuska Aponte, ha destacado que “es una gran alegría porque reconoce la predilección que Dios tiene por los humildes y sencillos que es como se puede resumir la vida de la madre Francisca”.

Para la superiora general, esta noticia - anunciada el pasado miércoles por la Santa Sede - es recibida con “profunda emoción y también con enorme compromiso” en toda la congregación y en todas sus comunidades, centros y colegios que tienen repartidos, actualmente, en un total de 13 países en América, Asia, África y Europa.

Según explica Aniuska Aponte, la fundadora fue una “mujer valiente, humilde, confiada en Dios y en su espíritu, que la lanzó a hacer el bien”. Su ejemplo “nos llama a la santidad y al compromiso para hacer realidad el amor que ella expandía en todas sus obras”, asegura.

“Su lema fue 'hagan siempre el bien' que es el carisma que nos regaló y que se refleja desde los primeros años en sus numerosas obras sociales dedicadas a la educación de niños (con atención especial a los ciegos y sordomudos), la protección de las jóvenes, y la asistencia a pobres, enfermos y ancianos. Igualmente, la superiora recuerda “otra de las frases que nos dejó en su testamento: “El amor de Dios que no se expansiona en el prójimo es una tragedia” y “eso era lo que la llevaba a expansionar el amor ante todas las necesidades”.

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La vida de Francisca de la Concepción Pascual Doménech

Nacida el 13 de octubre de 1833 en la localidad de Moncada, donde falleció también el 26 de abril de 1903, el proceso diocesano de beatificación de Francisca Pascual se instruyó en la curia eclesiástica de Valencia entre 1989 y 1991, pasando desde entonces a la Congregación Vaticana para las Causas de los Santos, en la Santa Sede con el fin de que, llegado el caso, pueda ser declarada beata y posteriormente santa.

La promulgación del decreto de virtudes heroicas es el primer paso en ese proceso hacia la beatificación, a la espera de que pueda confirmarse algún milagro atribuido a su intercesión, según ha precisado la delegación diocesana para las Causas de los Santos del Arzobispado de Valencia.

Francisca Pascual Doménech nació en Moncada (Valencia) en el seno de una familia de agricultores de profundas convicciones religiosas, siendo bautizada el mismo día. En 1860 inició su vida laboral, dedicándose a tareas domésticas y trabajando en una fábrica de seda. Para ello debía recorrer a pie cada día la distancia de 7 kilómetros que separa Moncada de Valencia. Entre 1860 y 1862, solicitó ingresar en la Congregación de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, fundada por santa María Micaela del Santísimo Sacramento. Pero esta solicitud no fue aceptada al no contar con una dote que aportar.

En 1863 ingresó en el beaterio de Terciarias de San Francisco de Asís, en la calle Renglons de Valencia. En este beaterio, existente desde el siglo XIII, se dedicaban a una vida de penitencia y oración, bajo la guía del cercano convento franciscano. Allí adoptó el nombre de “Francisca de la Concepción”.

El 19 de abril de 1871 realizó sus votos privados, y en 1876 fue elegida superiora del beaterio. Fue entonces cuando inició la reforma de dicha institución, con el fin de transformarla en una congregación de vida regular, con votos públicos, vida común y asunción de obras de socio-caritativas. De ese modo nació la “Congregación de Terciarias Franciscanas de San Francisco de Asís y de la Inmaculada Concepción”, nombre que posteriormente se transformaría en el de “Congregación de Hermanas Franciscanas de la Inmaculada”. Ya en el mismo 1876 se estableció la vida común y se aprobaron las primeras Constituciones por parte del arzobispo de Valencia, y en 1877 se organizó canónicamente el noviciado.

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El crecimiento de la Congregación

A partir de ese momento, esta institución experimentó un rápido crecimiento, que se tradujo en el ingreso de nuevas religiosas y en la fundación de numerosas obras sociales, dedicadas a la educación de niños (con atención especial a los ciegos y sordomudos), la protección de las jóvenes, y la asistencia a pobres, enfermos y ancianos.

La Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción ha irradiado su apostolado, además de España, en Portugal, Italia, Perú, Chile, Puerto Rico, Venezuela, Kenia, Uganda y la India.

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