Huesos de santo, buñuelos... ¿Cuál es el origen cristiano de los dulces de Todos los Santos?

ECCLESIA en TRECE se adentra en los orígenes de los dulces que más se consumen en estas festividades de noviembre

Carlos de Arteaga

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Los huesos de santo, los buñuelos y las teresitas son algunos de los dulces que más se consumen en estas festividades de noviembre, pero ¿tienen un origen relacionado con la Iglesia? Se acerca la Fiesta de Todos los Santos, y el programa ‘Ecclesia’ de TRECE, ha querido rescatar el origen y la tradición de los dulces más típicos: los huesos de santo, los buñuelos y las teresitas.

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Huesos de santo

Datan del siglo XVII, cuando la cultura celta y sus creencias paganas llegaban a España, celebrando a principios de noviembre su particular Año Nuevo. Un monje benedictino decidió crear estos dulces, que se asemejan a huesos (blancos y cilíndricos) y van rellenos de yema en su receta original, aunque más tarde se empezaron a elaborar de chocolate, cabello de ángel, etc.

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La razón de ser de estos dulces fue el trato que se le daba a la muerte desde la cultura celta. Para ellos, significaba algo oscuro y tenebroso, disfrazándose para ahuyentar a los espíritus de los muertos. Por eso, este monje anónimo decidió crear los huesos de santo para mostrar una imagen más cariñosa de los difuntos, por lo que al comer uno de esos “huesos”, se demuestra un respeto y un aprecio por los muertos, en contraste con la visión pagana de la cultura celta, que buscaba alejarlos.

Se popularizaron gracias a Francisco Martínez Montiño, jefe de cocinas del monarca Felipe II, que en 1611 publicaba un libro de recetas titulado ‘Arte de Cocina, Pastelería, Vizcochería y Conservería’. Desde entonces, es un dulce que se ha popularizado en estas fiestas de inicio de noviembre, coincidiendo además con el final de la temporada de recogida de las almendras, ingrediente principal de los huesos de santo.

Buñuelos

También conocidos como buñuelos de viento, surgieron un siglo antes que los huesos de santo. Se originó en la comunidad de moriscos de Granada, pero fueron los conventos y monasterios con sus obradores los que lo popularizaron como un dulce ligado a la fiesta cristiana de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos. En un principio no tenían ningún relleno, de ahí su apellido “de viento”, y fue más tarde cuando se rellenaron den chocolate, nata, crema y otros ingredientes.

Teresitas

Este tercer y último dulce no es tan conocido como los anteriores. Es típico de la región de Asturias, y a diferencia de los huesos de santo o los buñuelos, no surgieron en su origen para la Fiesta de Todos los Santos, sino que la época del año en la que los asturianos suelen elaborarlos y consumirlos es en Semana Santa, aunque desde hace un tiempo se han popularizado estas teresitas en estas festividades del 1 y 2 de noviembre.


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