La historia de Amando y Julián, dos misioneros que llegaron a Ecuador y Tailandia desde Albacete

"No tenemos otra misión, ni otra identidad que no sea servir, escuchar, estar con los pobres, con los que sufren", explican los sacerdotes

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Redacción Religión

Publicado el - Actualizado

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La diócesis de Albacete sigue realizando su particular homenaje a sus misioneros durante este mes de octubre. “El corazón se nos encoge de ver a tanta gente pasarlo mal, y se encoge aún más cuando los misioneros repartidos por cada rincón del mundo dan la voz de alarma”, explican desde la diócesis.

Por eso, quieren mandar todo el apoyo posible a las decenas de misioneros albaceteños que forman parte de esos 10.000 enviados a los cinco continentes que han salido de nuestro país.

De esta forma, “son días para enviarles nuestro apoyo de forma especial de recordar su labor y agradecer su entrega. Es necesario que se abrir el corazón y las manos, para contribuir con generosidad al fondo de solidaridad de la obra del Domund. Así cubriremos las necesidades de los misioneros y la construcción de iglesias y capillas, donde los fieles puedan reunirse para la celebración de los sacramentos. Ayudar al sostenimiento de colegios, dispensarios, centros médicos y formación de seminaristas y catequistas”, añaden desde la delegación de misiones de la diócesis.

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De Albacete a Tailandia

Julián Mansilla escuchó hablar por primera vez de Safané, Burkina Faso, durante su paso por el seminario menor de Albacete. “Allí escuché los testimonios de misioneros albaceteños; Juan Cárdenas, Pedro Ortuño, Manolo de Diego... y eso fue lo que me animó”. Todo cristiano que se esfuerza por vivir su fe “en verdad, que no significa ser perfecto, es misionero. Quien es consciente de su misión cristiana en el mundo es un testigo de Cristo”.

Por eso, explica el misionero, el Domund “nos recuerda que todos los cristianos somos testigos de Cristo. La manera de llevar esa misión es una cuestión secundaria: En tu país o fuera, clérigo o laico, célibe o casado... El mundo actual nos pide «testimonios» y no «lecciones» de fe".

Este sacerdote acaba de terminar el estudio de la lengua tailandesa en la capital, Bangkok. “Desde hace un mes estoy en la diócesis de Udon Thani, junto a dos compañeros del IEME, instituto misionero al que pertenezco. Como sacerdotes diocesanos que somos, estamos al servicio de esta diócesis, en igualdad de condiciones que los compañeros tailandeses. Disponibles para servir en las parroquias que el obispo nos asigna, ya sea solo o, como mi caso, con otro cura tailandés. Acompañamos el caminar de estas comunidades cristianas pequeñas y muy diseminadas. La religión budista es absolutamente mayoritaria , más del 95%, por lo tanto, es una «pastoral artesanal» como ocurre, actualmente, en tantos pueblos y aldeas de Albacete”.

“La pobreza no impide que sean cristianos comprometidos con Jesús y su Evangelio”

“Necesitamos ponernos todos —sacerdotes, consagrados, obispos, laicos— a los pies de Jesús y escucharlo, como María”. Así lo explica Amando López, misionero en Viche, Ecuador. “Este año, el lema nos invita a la meditación del evangelio de Marta y María. Hemos perdido un poco la capacidad de escucha. A Dios, le hablamos, le rezamos, le pedimos cosas, pero nos detenemos poco en meditar qué nos dice Él”.

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"El grito de los pobres resuena constantemente"

Por otro lado, advierte el sacerdote, “está la llamada de María: «Dile a mi hermana que me ayude». Es el grito de los pobres, de los que nos necesitan y que resuena constantemente”.

En este mes misionero, López insiste en que “ no seamos sordos y escuchemos. Con quien hay que estar es con los pobres. Aquí está la misión y la identidad de la Iglesia. Es la misión y la identidad de todo bautizado. No tenemos otra misión, ni otra identidad que no sea servir, escuchar, estar con los pobres, con los que sufren. Llevar a Dios a todos los que se sienten heridos”.

A la hora de hablar de su vocación misionera, el sacerdote explica que “es un don, una gracia. Lo importante es hacer oración, tener un corazón sensible al dolor de la gente. Dejarse hacer por Dios. Él se encargará de lo demás”.

En Ecuador trabajan para que todos sean conscientes que, como bautizados, tenemos un compromiso y una misión. “Los domingos no puedo ir a todas las comunidades. Son más de 50. Por eso, trabajamos con guías y catequistas. Ellos mantienen celebraciones y encuentros en las comunidades semanalmente. Mi tarea acompañar y escuchar. Mucha gente vive dramas humanos y no tienen quien los escuche. Necesitamos escucharnos y necesitamos escuchar a Dios”, concluye.

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