La Fundación Lázaro llega a Pamplona: "Lo más doloroso es que forman parte del paisaje"
La Fundación Lázaro abre en Pamplona con su modelo de pisos compartidos entre jóvenes y personas sin hogar para combatir la exclusión y devolver la identidad
Madrid - Publicado el
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La Fundación Lázaro España expande su proyecto de hogares para personas sin techo y, tras sus sedes de Madrid y Barcelona, desembarca ahora en Pamplona. Este innovador modelo de convivencia busca dar una respuesta al sinhogarismo desde una perspectiva comunitaria. El padre Álvaro Cárdenas, presidente de la fundación, ha explicado en el programa 'Ecclesia al día' de TRECE las claves de una iniciativa que transforma la vida tanto de las personas acogidas como de los voluntarios que comparten su día a día con ellos.
Una convivencia para devolver la dignidad
El proyecto Lázaro se basa en una fórmula sencilla pero revolucionaria: personas que han vivido en la calle y jóvenes profesionales católicos comparten un mismo hogar como compañeros de piso. Se trata de una relación de igualdad, donde no existen las etiquetas de 'acogidos' y 'voluntarios'. “Cuando se vive en el piso no hay voluntarios ni acogidos, lo que hay es compañeros de piso que viven juntos”, ha señalado Cárdenas. Este enfoque va más allá de ofrecer un simple alojamiento; busca devolver la dignidad a la persona, reforzar su capacidad de relación y acompañar su desarrollo emocional.
En estos hogares se comparte todo, desde las tareas domésticas y el cuidado de la casa hasta el tiempo de ocio y las vacaciones, creando un auténtico ambiente de familia y comunidad. Este entorno de confianza es fundamental para que las personas que llegan con heridas profundas puedan sanar. El objetivo es que se sientan en su propia casa, un lugar seguro y estable donde reconstruir sus vidas, lejos de la hostilidad de la calle y de la impersonalidad de otros recursos de acogida.
Lo más doloroso es que forman parte del paisaje"
Presidente de la Fundacion Lázaro de España
Para el presidente de Lázaro, uno de los mayores sufrimientos de las personas sin hogar es la indiferencia social. “Lo más doloroso es que forman parte del paisaje. Están las farolas, están los bancos y están ellos”, ha lamentado. Muchas veces, la gente no se para a hablar con ellos, ya sea por miedo o por no saber cómo actuar. Esta invisibilidad agrava las heridas de la exclusión y la soledad, minando la confianza en una sociedad que a menudo les da la espalda.
El padre Álvaro Cárdenas y el arzobispo de Pamplona, Florencio Roselló, firman el convenio
Nadie quiere vivir en la calle
El padre Cárdenas ha desmentido con rotundidad uno de los mitos más extendidos sobre el sinhogarismo: la idea de que hay gente que vive en la calle porque quiere. “Nadie quiere vivir en la calle”, ha afirmado de manera tajante. Según ha explicado, la realidad es más compleja: “Otra cosa es que prefieran estar en la calle a estar en un centro de acogida donde a veces hay personas complicadas, les desaparecen las cosas o no se sienten en su casa”.
Les vas viendo cómo resucitan”
Presidente de la Fundacion Lázaro de España
El proceso de adaptación no siempre es fácil. Muchas personas llegan desorientadas y con una gran desconfianza, como “almejas que poco a poco con el calor se van abriendo”, en palabras de Cárdenas. Sin embargo, el cariño y la vida en comunidad obran una profunda transformación. “Les vas viendo cómo resucitan”, ha asegurado, poniendo como ejemplo el caso de un pintor extraordinario que estaba “totalmente desfondado”, había dejado de pintar y, tras un año en Lázaro, “ha vuelto a pintar” y a ser él mismo.
El nuevo hogar de Pamplona
El nuevo hogar de Pamplona estará ubicado en un lugar emblemático: un edificio en el barrio de San Fermín de Aldapa que pertenecía a los claretianos. Tras la marcha de la comunidad por falta de vocaciones, la diócesis de Pamplona-Tudela cedió el inmueble a la Fundación Lázaro. De esta forma, se da continuidad a la misión de servicio a los más pobres que siempre ha caracterizado a esa casa. Tras la firma del convenio, ahora comenzará la reforma del edificio para adaptarlo a las necesidades del proyecto.
La futura casa contará con un apartamento para hombres, otro para mujeres y un tercero para la familia voluntaria que acompaña a la comunidad. Además, se habilitarán pequeños estudios para personas que están en una fase más avanzada de su proceso de autonomía. Cada residente cuenta con un acompañante social y un plan personalizado, sin la “espada de Damocles” de un plazo de salida fijo, respetando el tiempo que cada uno necesita para recuperar su estabilidad emocional y económica.
Por su parte, los jóvenes voluntarios también viven un proceso de crecimiento. Llegan con sus propias “inseguridades, miedos y prejuicios”, y la convivencia les ayuda a superarlos. Se trata de un “camino mutuo”, donde las personas acogidas también ayudan a los jóvenes, generando una enriquecedora relación de amistad y confianza que rompe barreras y transforma a todos los que forman parte de la familia Lázaro.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.