Vía Crucis, meditaciones en las estaciones de la Cruz
Desde COPE y la Revista Ecclesia te invitamos a recorrer este camino de entrega y redención con el misionero claretiano Adrián de Prado

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Acompañar a Cristo en el Vía Crucis es, ante todo, acompañarle en su camino más íntimo. Un camino que nos revela ese amor que solo Dios hecho hombre podía mostrar, capaz de entregarse hasta el extremo, un amor que nos sobrepasa y al que solo podemos acompañar desde la humildad.
Por eso, una y otra vez, lo seguimos rezando: para encontrar al Señor en ese sendero que es suyo y pedir que ese paso de la cruz a la gloria transforme también nuestra vida. Que esa entrega alcance a quienes sufren, a los que atraviesan momentos difíciles, a los que se sienten frágiles o perdidos.
Cristo lleva siempre en su corazón a esos hombres y mujeres humildes que confiamos en Él. En ellos y en nosotros, se va cumpliendo poco a poco ese tránsito suyo de la cruz a la vida nueva.
La imagen del Crucificado nos golpea el alma, como un zarpazo que despierta y conmueve. Su entrega nos sacude, pero al mismo tiempo enciende en nuestro interior un rescoldo de esperanza que no se apaga.





