El sacerdote que ayuda a mujeres a salir del infierno de la trata en Guatemala

Dionisio Báez lleva una casa en la que ayuda a curar todo tipo de heridas a mujeres víctimas de la trata 

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@pabblovg

Redactor cope.es

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 14:27

El padre Dionisio Báez tiene 54 años. Este sacerdote mercedario de Costa Rica lleva en total 20 años en Guatemala. De hecho, tiene la doble nacionalidad desde hace dos años. En suelo guatemalteco va a cumplir 25 años de ordenación sacerdotal. Las dos décadas que ha vivido allí, lo ha hecho dedicado a las víctimas de trata de personas y a los presos

El infierno de la trata

Este sacerdote, ya con el pelo blanco por la edad, ha entregado sus últimos 10 años a atender en las cárceles de Guatemala. También, se ha dedicado a formar a otros futuros sacerdotes mercedarios que han elegido este camino en el seminario San Pedro Nolasco de Guatemala. Su destino en la actualidad es una casa. Allí viven mujeres víctimas de trata, en cualquiera de sus 16 modalidades. Algunas de ellas han acudido a este hogar con sus hijos. 

A pesar de todas sus experiencias y del trabajo que realiza, Dionisio encuentra una contradicción muy fuerte. "En la trata se toca realmente el infierno. Se vive el sentirse uno cercano a los que sufren y eso te hace sentirte realizado, pero también es doloroso pensar cómo podemos vender a personas como si fuesen mercancías".

El complicado camino de las víctimas para salir de la trata 

Un hogar para mujeres con toda clase de heridas

Después de todo cuanto ha visto y vivido decidió tomar partido. Esta casa, Santa María de Cervellón, forma parte de una obra que ha fundado: Misión Redentora. Junto a las labores de atención más directas, tiene claro cuál es otro de los grandes objetivos. Durante dos o tres años estamos destinados a sensibilizar e informar sobre la trata para ayudar a motivar un cambio". 

La ayuda que prestan a las mujeres y sus pequeños es integral. Las mujeres están el tiempo que les hace falta hasta poder volver a la sociedad sin peligro. Muchas de ellas, reconoce el cura, se encuentran en peligro de muerte. Desde la casa, también se les prestan los recursos que necesitan en el caso de que quieran denunciar o abrir un proceso judicial contra sus captores. Es en esos casos cuando han tenido que recurrir hasta a embajadas de otros países para garantizar su seguridad. 

Las heridas con las que llegan estas mujeres de distintos orígenes son de toda clase: físicas, psicológicas, emocionales y...espirituales.  Por eso, el hogar de Santa María de Cervellón está dotado con profesionales de muchos ámbitos para ayudarlas. "En la casa tenemos psicólogos y trabajadores sociales, personas que les atienden", confirma. 

Mujeres heridas que van descubriendo a Jesús

¿Cómo se habla de Dios a mujeres que han conocido de todo menos a Dios en su realidad? El sacerdote afirma que es complicado...al prinicipio. "Ellas llegan muy heridas, en todos los aspectos. Por golpes, por abusos y en la parte espiritual también. Muchas rechazan a Dios o se enfadan con Él, pero a la vez lo tienen muy presente, pidiéndole que las ayude a sanar y salir de esa esclavitud". 

"Hay que hablarles de un Jesús que sufre con ellas, que también es golpeado, pero que a la vez es Amor"

Con ese punto de partida, lo que ocurre en la casa comienza a hacer efecto. "Buscamos demostrarles que no todos los hombres o las mujeres quieren hacerles daño o abusar de ellas. Queremos que la casa sea para ellas hogar y familia".

El primer paso es escucharlas y acoger el asombro que sienten ante esa nueva vida que conocen entre esas paredes. Le pasa hasta al propio cura.  "En mi caso, soy para muchas el primer sacerdote que conocen", confiesa. Después, llega el momento de, si quieren, presentarles a Alguien que "sufre con ellas". "Hay que hablarles de un Jesús que sufre con ellas, que también es golpeado, pero que a la vez es Amor.

Cuando han llegado hasta ahí, ellas dan el siguiente paso. "Lo primero que suelen pedir es una Biblia, también se les enseña a hacer Rosarios y acaban preguntando cómo se reza, o preguntan por la Virgen de la MercedSin buscarlo si no que ellas lo vayan descubriendo". 

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