Extremadura premia a Sor Cristina, una monja de 94 años dedicada a los pobres

Sor Cristina Arana, Medalla de Extremadura 2018 "Yo solo he procurado amar a los pobres"

Extremadura premia a Sor Cristina, una monja de 94 años dedicada a los pobres

 

Semanario católico

Tiempo de lectura: 1' Actualizado 10:54

Sor Cristina Arana Astigarraga, de las Hijas de San Vicente de Paul, acaba de recibir la Medalla de Extremadura 2018 junto al periodista de Don Benito, Ángel Sastre Canelas; la investigadora María Victoria Gil Álvarez; la Federación Extremeña de Bandas de Música y el Grupo Manantial Folk; el pintor ya fallecido Jaime de Jaraíz; y el responsable de la Casa de Extremadura en Sevilla, Gonzalo Martín Domínguez.

La religiosa, nacida en Vergara (Guipúzcoa) hace 94 años, se declara «agradecida a Extremadura», pero seguidamente diluye cualquier mérito personal y convierte en protagonista a toda su congregación.

"Yo soy solo una más. El premio no es para mí sino para todas las Hijas de la Caridad y para todas las personas que trabajan en nuestras obras", explica la religiosa a Alfa y Omega.

Sea como fuere, el reconocimiento a Arana Astigarraga le llega por haber dedicado "toda su vida al cuidado y atención de personas vulnerables". Sin embargo, para sor Cristina ella solo se ha "dedicado a trabajar y a dar amor a los más pobres".

Con presos y pobres

El primer destino en Cáceres de la religiosa fue la comunidad que las Hijas de la Caridad tenían en el Hospital de la Cruz Roja. Posteriormente, en 1975, sor Cristina cambió Cáceres por Badajoz y el Hospital de la Cruz Roja por el Hospital Provincial.

Sin embargo, los dos cometidos a los que la hija de la caridad les dedicó más tiempo fue a atender a los presos y a los pobres. Sor Cristina trabajó durante 30 años en la Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Mérida-Badajoz. "Visitaba a los internos, procuraba hacerles compañía y hablar con ellos".

Su labor con los más necesitados se desarrolló en el comedor social Virgen de la Acogida. Allí, según la Junta de Extremadura, se convirtió "en un referente para muchos ciudadanos de Badajoz por su bondad, delicadeza en el trabajo y empatía".

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