La utilidad de lo inútil

La utilidad de lo inútil

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

2 min lectura

Mons. Juan José Omella En el libro del poeta hindú que lleva por título El rostro de mi hermano dedica una página a poner en relieve el poder de la oración y cuenta la siguiente historia: un santo hombre al final de su vida se retiró a una cueva de la montaña para tratar de encontrar a Dios en el silencio y la oración. La gente de los pueblos de alrededor no dejaban de llevarle algo de comida. Los jóvenes protestaban por lo que le daban a un hombre a quien consideraban un inútil, un paria de la sociedad. Pero los ancianos se enfadaban y les regañaban por sus protestas y comentarios contra el santo hombre y les decían: hay que darle algo porque lo entendamos o no él vive para bien de todos nosotros. ¿No es la santidad el núcleo de la vida?

Al cabo de veinte años, un día, se lo encontraron muerto en la entrada de la cueva. Seis semanas después se cometió un horrible crimen en el pueblo. La gente se quedó consternada y atemorizada. Los ancianos invitaron a todos a hacer unos días de ayuno y de oración. De pronto, uno de ellos dijo: He descubierto el secreto. Y delante de todo el pueblo se explicó diciendo: Es verdad que mientras ese hombre santo vivía en la cueva nunca levantó la mano para ayudarnos en las cosas materiales porque vivía en la soledad y el silencio. Pero la virtud engendra virtud, su vida nos animaba a vivir una vida mejor, sin disturbios ni pecados. Todo iba bien entre nosotros. Nadie se atrevió a quitar la vida de un semejante. ¿No lo entendemos? Su presencia alejaba de nosotros las insidias del maligno.

Los habitantes de la región llegaron a entender que la vida de ese hombre, aparentemente inútil, era más eficaz de lo que aparentaba y les animaba a ser mejores, a relacionarse como hermanos, a buscar siempre el bien. Ese hombre era como un faro que iluminaba las tinieblas del mundo.

Queridos lectores: ¿No es también así la vida de los religiosos contemplativos, de las personas consagradas, de los cristianos que buscan por encima de todo ser fieles a su vocación de ungidos por el Espíritu Santo?

En este día en el que celebramos la Jornada de la Vida Consagrada queremos valorar lo que esas vidas, aparentemente inútiles según se oye decir por desgracia a algunas personas, aportan a nuestra sociedad. Recordadlo, sin ellos el mundo no sería lo que es. Ellos insuflan, con la fuerza del Espíritu, fuerza y virtud, valor y santidad, a nuestro mundo.

Gracias queridos consagrados, entregados en la vida activa o contemplativa, que estáis en La Rioja. Seguid siendo fieles a vuestro carisma. Sois un inmenso regalo para nosotros. Que Dios os bendiga siempre.

Con mi afecto y bendición.

+ Juan José Omella Omella

Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

nuestros programas

ECCLESIA ALVARO SAEZ

Ecclesia

Con Álvaro Sáez

Domingos a las 13:00h

Visto en ABC

Tracking