Mons. Jaume Pujol El padre Agustí Altisent, que pasó más de media vida siendo monje de Poblet, se preguntaba si el aislamiento en que viven los religiosos no podía llevar al espíritu a encerrarse también en sí mismo, por falta de estímulos exteriores y contactos estimulantes del pensamiento. Pero añadía que en el "mundo", es decir en Barcelona, Cornellà, Madrid, Salou o la Costa Brava, ¡cuánta gente vive atascada! Y concluía: "El aislamiento puede atontar, pero el barullo continuo también."
Me parece que el peligro de nuestra sociedad no se encuentra en los ratos o los espacios de soledad o de meditación tranquila, sino más bien en el ajetreo sin tregua en que vivimos, sometidos a una incesante lluvia de informaciones y emociones que nos llegan vía televisión, redes sociales o por el móvil. Casi podríamos decir que nos encontramos en riesgo de perder el hábito de pensar.
Esta puede ser una causa de que florezcan pocas vocaciones a una vida consagrada. El Papa Francisco, hace un año, señaló tres factores que dificultan la entrega a Dios por completo y la fidelidad perseverante.
El primer factor que no ayuda a mantener la fidelidad, ?señaló? es la tendencia que impulsa lo provisorio, que puede conducir a vivir a la carta y a ser esclavos de las modas, alimentando el consumismo, que olvida la belleza de la vida sencilla y austera, y que provoca un gran vacío existencial, con un fuerte relativismo, con valores ajenos al Evangelio.
En el segundo punto el Papa se refirió a los desafíos que afronta la juventud: "Hay jóvenes maravillosos y no son pocos. Pero, también entre los jóvenes hay muchas víctimas de la lógica de la mundanidad, que se puede sintetizar así: búsqueda de éxito a cualquier precio, del dinero fácil y del placer fácil".
El tercer factor, proviene del interior de la vida consagrada, donde "al lado de tanta santidad no faltan situaciones de contra-testimonio". El Santo Padre reiteró la centralidad de Jesús, en la misión profética de los consagrados: "Si la vida consagrada quiere mantener su misión profética y su fascinación y seguir siendo escuela de fidelidad para los cercanos y los lejanos debe mantener el frescor y la novedad de la centralidad de Jesús, la atracción de la espiritualidad y la fuerza de la misión, mostrar la belleza del seguimiento de Cristo e irradiar esperanza y alegría".
Al expresar mi gratitud a tantas personas de vida consagrada en distintos carismas, pido a Dios que florezcan nuevas vocaciones para bien de toda la sociedad de la que son fermento impagable en su siembra de oración, paz y alegría.
? Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado