León XIV celebra la tregua en Oriente Medio: "Solo a través de las negociaciones se puede alcanzar el final de la guerra"
El Papa exhorta a acompañar el trabajo diplomático con la oración e invita a todo el mundo a unirse a la vigilia de oración en la Basílica de San Pedro el 11 de abril

Madrid - Publicado el - Actualizado
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"Después estas ultimas horas gran tensión en medio oriente y en todo el mundo acojo con satisfacción el anuncio de una tregua inmediata de dos semanas", ha señalado el Papa en la Audiencia General
Además añade que solo a través del regreso a las negociaciones se puede alcanzar el final de la guerra. "exhorto a acompañar el trabajo diplomático con la oración, esperando que el dialogo y la oración pueda ser instrumento para resolver el conflicto en el mundo".
Por último ha pedido a todo el mudo unirse a la vigilia de oración en la Basílica de San Pedro el 11 de abril.
Un don que se manifiesta en lo cotidiano
En la Audiencia General León XIV ha hecho un llamamiento a la Iglesia también llamada a ser santa, a pesar de "la triste realidad del pecado" en ella.
La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad, una virtud que "rige todos los medios de santificación, los informa y los conduce a su fin", tal y como recoge la propia constitución. En este sentido, el nivel más alto de la santidad, como en el origen de la Iglesia, es el martirio, considerado el "supremo testimonio de fe y de caridad". Por ello, el Pontífice ha señalado que "todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta el derramamiento de sangre".

Todos los sacramentos, de forma especial la Eucaristía, son el alimento que hace crecer una vida santa, asimilando a cada persona con Cristo. Esta santidad es un don que se manifiesta en la vida cotidiana cada vez que se acoge con alegría. A este respecto, ha recordado las palabras de San Pablo VI en 1965, quien afirmaba que la Iglesia, para ser auténtica, quiere que todos los bautizados deban "ser santos, es decir, verdaderamente sus hijos dignos, fuertes y fieles".
El Papa ha abordado también la descripción que la Lumen gentium hace de la santidad de la Iglesia como una de sus características constitutivas, que debe acogerse en la fe al creer que es "indefectiblemente santa". No obstante, ha matizado que esto no significa que lo sea de forma plena, sino que está llamada a confirmar este don durante su peregrinaje, caminando "entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios". La realidad del pecado en la Iglesia invita a emprender un serio cambio de vida y a la conversión.
La vida consagrada como señal profética
En esta perspectiva, la vida consagrada asume un papel decisivo como "señal profética del mundo nuevo". Los consejos evangélicos que dan forma a esta experiencia —la pobreza, la castidad y la obediencia— no son prescripciones, sino "dones liberadores del Espíritu Santo" a través de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios, siguiendo el modelo de entrega de Cristo.

Al conformarse a este estilo de vida, las personas consagradas dan testimonio de la vocación universal a la santidad. El Papa ha concluido recordando que por el sacrificio del Crucificado todos somos redimidos y santificados, y que no hay experiencia humana que Dios no redima. Así, incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, "se convierte en una vía de santidad".
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.





