Somos los "amigos del Esposo"

Somos los "amigos del Esposo"

Agencia SIC

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Mons. Joan Vives Este año, al coincidir la Solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista en domingo, toda la Iglesia celebra con mucha alegría esta fiesta tan popular en los países de cultura catalana. Es la fiesta del nacimiento del Amigo del Esposo, como se llamaba a si mismo San Juan (Jn 3,29), que bautizó a Jesús en el río Jordán, y que le preparó y cedió el primer grupo de discípulos. Qué ecos más familiares, más íntimos, más intensos de amistad y de generosidad… entre Juan y el Señor.

¿Hemos pensado suficientemente que realmente somos "amigos" de Jesucristo, el Esposo? ¿Que estamos llamados a vivir una dulce intimidad con Él y una configuración total con lo que Él quiere de cada uno de nosotros? ¿Que le podemos "preparar los caminos" a su venida, porque muchos, todos, lo puedan encontrar y hacerse, también ellos, amigos del Señor? ¿Que tenemos que anunciar una conversión de los corazones que es lo que hace plenamente feliz, porque nos hace volver a vivir según los mandamientos de Dios? ¿Que conviene que Cristo sea más y más conocido y amado, y en cambio que nosotros debemos "disminuir", hacernos pequeños, y desaparecer? ¿Que la libertad y la valentía ante el dinero y los poderes de este mundo, debe ser nuestra guía siempre? ¿Que desde el bautismo, estamos llamados a ser "voces" de Cristo, que es "la Palabra"? ¿Que una vida austera, sencilla, que no pone la confianza en las realidades materiales sino sólo en Dios, es lo que da credibilidad a nuestro testimonio de fe? ¿Que la verdad buscada con pasión y constancia, lleva a Dios y a la verdadera alegría?…

En el momento del nacimiento de Juan, su madre insistió en que debía llamarse "Juan", y no Zacarías, indicando así su misión. Porque Juan quiere decir "Dios es gracia", Dios es misericordia. A través de Juan, se anunciaría la llegada del Mesías, y, con Él, de la gracia salvadora para todo el mundo.

En nuestra Diócesis tenemos muchas iglesias y ermitas dedicadas al Precursor del Señor, y en tantísimas pinturas murales y retablos está su venerada imagen. Nuestro pueblo siempre ha querido mucho a San Juan. La Iglesia celebra una gran fiesta sólo en el nacimiento de Jesús, de María y de Juan Bautista. Y el pueblo cristiano celebra el sol triunfador de la tiniebla y de la noche, en el solsticio de verano. Por eso encendemos hogueras luminosas, para que la luz de Cristo se prolongue, y los petardos anuncien que estamos de vigilia gozosa, porque ha llegado el que prepara los caminos del Salvador, la Luz del mundo.

Cada comienzo del día, en las alabanzas matinales, la Iglesia se dispone a vivir la hermosa vocación de Juan, que es también la nuestra: "A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor, a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios" (Lc 1,76-77). A mí me gustó tomar este versículo -"Parare vias Domini", preparar los caminos del Señor- como lema de mi ministerio episcopal, hace ya diecinueve años… Creo que es muy sugerente para todos los cristianos, en tiempos de "nueva evangelización", y que se corresponde, especialmente, con el ministerio que el obispo humildemente debe recomenzar cada día, preparando los corazones y los caminos de los hermanos, para que todos puedan encontrar al Señor, entrar en su comunión de vida, y serle buenos amigos.

+Joan-Enric Vives

Arzobispo de Urgell

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