En la Solemnidad del Corpus Christi

En la Solemnidad del Corpus Christi
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Mons. Gerardo Melgar Queridos fieles cristianos y sorianos de buena voluntad:
El domingo 10 de junio celebramos en toda la Iglesia la Solemnidad del Corpus Christi, el día en el que contemplamos la generosidad y el amor de Cristo sin límites, entregado por nosotros y por nuestra salvación en la Eucaristía. Cristo, en la Cruz, entrega su Cuerpo y Sangre por nosotros, rescatándonos así del pecado al precio de su propia vida.
La Eucaristía es el Memorial de la Muerte y Resurrección de Cristo; es, lo sabemos, la celebración incruenta de la entrega del Señor a la muerte por nosotros y por la salvación de todos los hombres. Cada vez que la celebramos, lo hacemos como Misterio de nuestra fe, anunciando su muerte, proclamando su resurrección y pidiendo su segunda venida.
La Solemnidad del Corpus es, además, el día en el que la Iglesia en España celebra la Jornada de Cáritas, el Día de la caridad, una jornada que nos hace una llamada especial a vivir el amor con los más necesitados de nuestra sociedad. En este día tan señalado -en el que la Palabra de Dios y el sentido mismo de la Solemnidad del Corpus Christi nos invitan a poner en ejercicio nuestro amor con los pobres y necesitados de la sociedad- quiero hacer una reflexión sobre las nuevas pobrezas que han aparecido en los últimos tiempos de una forma tan generalizada a causa del desempleo y, además, quiero hacer una llamada a todos – tanto a los creyentes como a todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad de nuestras tierras sorianas- a comprometernos más generosamente con tantos que sufren tanto.
En efecto, el paro, la falta de empleo, está siendo desgraciadamente la dura, penosa y cruel realidad que golpea y daña la vida de tantas personas que están sufriendo sus consecuencias. ¡Son tantas y tantas las familias que lo están pasando realmente mal porque no tienen ningún miembro trabajando y sufren las consecuencias psicológicas, personales y morales de un paro de larga duración sin muchas perspectivas de solución a corto plazo!
El Papa Benedicto XVI, en la Encíclica "Caritas in veritate" (números 25 y 27) habla así del paro y su repercusión en las personas: "el paro provoca hoy nuevas formas de irrelevancia económica y la actual crisis sólo puede empeorar dicha situación. El estar sin trabajo durante mucho tiempo, o la dependencia prolongada de la asistencia pública o privada, mina la libertad y la creatividad de la persona y sus relaciones familiares y sociales, con graves daños en el plano psicológico y espiritual. Quisiera recordar a todos, en especial a los gobernantes que se ocupan en dar un aspecto renovado al orden económico y social del mundo, que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad "pues el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social"".
La Eucaristía pide un compromiso a favor de los pobres, de los necesitados, de los nos están tendiendo su mano en busca de ayuda, solidaridad y amor compartido. La unión con Cristo en la Eucaristía es unión con todos los demás a los que Él se entrega. El Catecismo de la Iglesia Católica (en el n. 1397) abunda en este sentido: "Para recibir de verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, nuestros hermanos". No podemos participar en la Eucaristía y ser indiferentes a que haya entre nosotros hermanos que sigan sin tener para vivir; hemos de ser solidarios con ellos aportando nuestro grano de arena para que los pobres de siempre y los surgidos de la nueva situación dramática de esta crisis económica (que lo es -y muy profunda- de valores) sientan que el Señor sigue entregándose por ellos, en la entrega solidaria y generosa de cada uno de nosotros.
Cada año, en esta misma Solemnidad del Corpus Christi, he invitado a mis más inmediatos y queridos colaboradores -los sacerdotes- a que fueran generosos y solidarios con tantas personas y familias que estaban atravesando por una situación realmente difícil y penosa por, entre otros motivos, la falta de trabajo. Sólo en la respuesta a esta llamada, la generosidad de los sacerdotes en los tres años anteriores ha sido realmente edificante, ejemplar y digna de la más sincera alabanza, entregando a Cáritas de sus bolsillos cerca 90.000 ?. Un año más me vuelvo a dirigir a ellos recordándoles que tenemos que seguir siendo generosos pues gracias a nuestra solidaridad se han podido atender a muchas familias.
Pero este año, en el que la situación no sólo no ha cambiado sino que se ha agudizado, quiero hacer una llamada muy especial -además de a los sacerdotes- a todos los cristianos sorianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que son sensibles al dolor de sus semejantes: debemos tener presente a cada momento la situación tan dolorosa que tantos hermanos nuestros están atravesando y debemos, por ello, poner en ejercicio nuestro amor. ¡Seamos generosos y solidarios con cuantos sufren a nuestro lado, también en nuestras propias familias! Sepamos privarnos de algo nuestro, de parte de nuestro sueldo, y ofrezcamos esa ayuda a Cáritas -como cauce a través del cual se vive y expresa la caridad de la Iglesia- para que, gracias a nuestra caridad y generosidad, esta ONGD pueda seguir socorriendo a tantos miles de personas y familias que acuden diariamente a sus oficinas, a nuestras parroquias, en busca de lo más necesario para vivir. Entreguemos a Cáritas la cantidad correspondiente a un día de sueldo al mes, no sólo este mes de junio sino durante todos los meses del año; estoy seguro de que los que no tienen la suerte de tener un sueldo como nosotros, seguirán encontrando la ayuda que necesitan para salir adelante en sus necesidades más urgentes e imprescindibles. Sí, hermanos, la unión con Cristo en la Eucaristía pide la unión con todos y el amor hacia todos los demás por los que Él se entrega.
Vivamos sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir. Pongámonos en la piel de los necesitados y comprometámonos con ellos, del mismo modo como nos gustaría que los demás se comprometieran con nosotros si fuéramos nosotros los necesitados de la ayuda más fundamental para vivir. Tendamos la mano al hermano necesitado porque en la mano del hermano necesitado nos vamos a encontrar con la mano de Dios.
¡Que Dios bendiga vuestra generosidad!
+ Gerardo Melgar Viciosa
Obispo de Osma-Soria





