De puertas y hospitales

De puertas y hospitales

Agencia SIC

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Mons. Jesús García Burillo Queridos diocesanos, en particular los enfermos:

El Jubileo de los enfermos, ancianos y discapacitados me ofrece la ocasión de expresaros mi cercanía y deciros que en la comunidad diocesana sois los privilegiados del Obispo. Imagino para cada uno una "Puerta Santa". Cruzar la Puerta Santa para ganar el Jubileo de la Misericordia tiene el valor simbólico de "ir al encuentro" de la alegría y el perdón. Entramos en el templo de Dios cantando jubilosos: "Abridme las puertas del triunfo y entraré para dar gracias a Dios" (Sal 118). Mas la casa de Dios tiene un cimiento firme: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular". Es Cristo, cuya presencia es constante y cercana a nuestra vida, a nuestra historia. Entrar en los templos jubilares significa la purificación del corazón y la firmeza de la fe.

Pero, además de la Puerta Santa de los templos jubilares, tenemos otras puertas que nos conducen al encuentro con el Padre de la Misericordia. Por ejemplo, la habitación de los enfermos ingresados en hospitales, en la puerta de la habitación de un anciano, un minusválido o un enfermo que se encuentra en su casa, en una residencia, en un centro de acogida. Pienso en la Puerta Santa de los Sacramentos, de manera especial la Eucaristía, la Unción de Enfermos, la Reconciliación. El Papa, hablando con los médicos añadía una puerta más, los mismos enfermos: "Gracias por curar a los enfermos, como pide Jesús, en especial a los más pobres y excluidos: son para ustedes la 'Puerta Santa? de la Misericordia" (7.5.2016).

Y sobre todas estas puertas está Jesús, Buen Pastor, que cuida de su rebaño: "Yo soy la Puerta de las ovejas" (Jn 10,7) A los enfermos, ancianos y discapacitados nos ofrece seguridad, sosiego y consuelo. Pertenecemos al redil de su Iglesia, somos su propiedad, él reconoce nuestra voz y nos llama por nuestro nombre. La Iglesia es hospital de campaña. Los hospitales son sin duda lugares sagrados que custodian en silencio los más profundos interrogantes del hombre que sufre: ¿Por qué Señor, por qué ahora, por qué a mí? ¡Cuántas veces nos lo preguntamos no solo con la palabra sino también con lágrimas, como agua que purifica el corazón, como lente que nos permite ver más claro. Esta debe ser la razón por la que el Papa quiere a la Iglesia como un hospital de campaña, en el que tanta gente herida encuentre cercanía y proximidad. Una Iglesia que sana, cura, acompaña con atención y cuidado a sus hijos más frágiles dando esperanza. Yo también veo de esta manera a nuestra Iglesia diocesana, como faro de un puerto o antorcha que ilumina a cuantos pasan por la prueba y el sufrimiento.

Hace unos días, en un encuentro de "médicos con África" el Papa afirmaba: "El derecho humano fundamental de la salud para todos no es un bien de consumo, sino un derecho universal, por lo que el acceso a los servicios sanitarios no puede ser un privilegio. La Iglesia es madre, hospital de campaña, no súper-clínica de lujo para vips, en la que el Señor nos manda ser buenos samaritanos". Con el Santo Padre os invito en el Jubileo de la Misericordia a ser expresión de la Iglesia madre que se inclina ante los más débiles visitando, cuidando, sanando, practicando las obras de misericordia. Pero sabemos que un porcentaje considerable de enfermos está en sus hogares. Así, continúa el Papa: "el hospital más cercano es la familia. Son los padres, los hermanos, los abuelos quienes garantizan las atenciones, ofrecen cuidados y desvelos y ayudan a sanar a sus seres queridos, tantas veces por tiempos muy prolongados" (Audiencia 10.6.2016)

Muchas páginas del Evangelio relatan el encuentro de Jesús con los enfermos afectados por todo tipo de enfermedades, físicas, psíquicas, espirituales; de todos se compadece y a todos sana. De este modo se revela como médico que sana nuestras heridas, verdadero salvador. "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos" (Mc 2,1"). No lo olvidemos: Jesucristo es la Puerta, el médico que nos muestra el rostro de la ternura de Dios.

En este día mi pensamiento se dirige con gratitud hacia aquellas personas que os cuidan, que trabajan para aliviar y curar vuestras enfermedades, que os acogen y acompañan en vuestros hogares o en el hospital, en residencias, centros de día y de acogida, lugares que frecuento a menudo.

Finalmente, quisiera cruzar la "Puerta Santa" agarrándonos la mano todos y cada uno, pero en la certeza de que no es posible hacerlo físicamente, os expreso mi sentimiento con palabras del Papa: "Pienso en los enfermos y las personas ancianas y solas, a menudo en condiciones de no poder salir de casa. Para ellos será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad. Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la Santa Misa a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar".

Recibid en este día mi afecto y bendición especial.

+ Jesús García Burillo,

Obispo de Ávila

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