Palabras de fe: Raïssa y Jacques Maritain ? Leon Bloy (2)
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Mons. Agustí Cortés Dónde está Dios, dónde está el ser humano, son dos preguntas que constituyen dos caras de una única cuestión fundamental: ¿cuál es la verdad de la vida? A veces esta cuestión sobreviene con la violencia de un bofetón en la cara, tras constatar un hecho que signifique inhumanidad, degradación, injusticia, sufrimiento, crisis del ser humano. Pero en realidad todos nos la hemos de plantear hoy, para llegar a creer o para tener una fe lúcida, capaz de responder a las interpelaciones de la increencia. La experiencia de Raïssa y Jacques Maritain nos dice que es un buen camino llegar a sentir el límite de la humanidad, lo que "da de sí el ser humano".
Raïssa es una joven que se ve como estudiante solitaria en medio de la Universidad de la Sorbona. Su soledad no es debida sólo a su falta de comunicación con sus compañeros, sino también a que sus profesores de ciencias y la enseñanza que recibe, contra lo que ella esperaba, no dan respuesta a sus grandes preguntas. Así escribe en su carta "En busca de lo absoluto":
"Yo sólo busco verdaderamente aquello de que tengo necesidad para justificar la existencia, lo que parece necesario para que la vida no sea una cosa absurda y cruel. Tengo necesidad de la alegría de la inteligencia, de la luz de la certidumbre, de una regla de vida fundada en la verdad sin defecto."
Su encuentro con Jacques Maritain significó para ella una bocanada de aire fresco, una ventana abierta al mundo. Él la buscó para invitarle a participar en una campaña de protesta por la represión que habían sufrido unos estudiantes socialistas en Rusia. Fue el inicio de una relación decisiva para ambos: un camino de búsqueda en pareja, sazonada por el afecto y la inteligencia, motivada por las mismas inquietudes. "Por primera vez podía hablar de mí misma", "por primera vez encontré alguien en quien confiar", dirá ella. Aunque Jacques ya era licenciado en filosofía, seguía también los estudios de ciencias biológicas. El camino que anduvieron juntos, sin embargo, atravesó momentos de profunda oscuridad, soportada únicamente gracias al amor que les sostenía "vivos".
En efecto, un mediodía de verano se ven repasando y haciendo balance de los años transcurridos en los estudios, constatando el escepticismo que contagiaba el ambiente de la Universidad, observando la situación por la que atravesaba el mundo y el destino de tantas personas justas e inocentes? Y comienzan a sentir, según sus propias palabras
"una profunda decepción del alma que siente el engaño de haber tenido fe en la humanidad, de haber creído en la fuerza triunfante de la verdad y de la justicia, de la bondad y de la piedad, de todo lo que sabemos es el bien".
Jacques sobre todo conservaba a veces una cierta ilusión en que valía la pena todavía luchar por los pobres. Y ambos aceptaban llevar el sufrimiento "con dignidad". Pero lo que no podían soportar era que ese sufrimiento, propio y ajeno, fuera absurdo, que todo significara una comedia vacía, "un teatro de lágrimas y de sangre". Para ser vivida, la vida necesitaba una justificación.
Estaban decididos a ser consecuentes hasta el final. Si seguían adelante, era porque algo les empujaba a dar un crédito a la vida, un crédito ciego y osado. Formalizaron su compromiso matrimonial en medio de un silencio cómplice y elocuente: habían llegado a una comunión tal que ninguno de los dos se entendía ya sin el otro.
El destino aún les tenía preparada una dura prueba. Raïssa estuvo a las puertas de la muerte, salvada en el último momento, víctima de una infección de garganta, que le impedía respirar. Dirá que estaba dispuesta a morir "como un pájaro", en silencio, sin protestas ni remordimientos. Al fin y al cabo, ¿qué valor tenía su existencia?
? Agustí Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat





