Palabras de fe: Raïssa i Jacques Maritain ? Leon Bloy (1)
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Mons. Agustí Cortés La periodista Pilar Rahola, en su columna del pasado día 9 de mayo en La Vanguardia glosaba sus sentimientos sinceros ante "El horror" de los hechos acaecidos en Cleveland, el espantoso caso de las tres jóvenes secuestradas, violadas y obligadas a abortar durante diez años por uno o tres sujetos, paradigma de inhumanidad. Tras constatar la terrible realidad del mal que el ser humano puede causar, comparable y, lógicamente, más inadmisible que el comportamiento de los virus, que siguen las leyes de la pura biología hasta el suicidio, se formula aquella pregunta que tantas veces aflora delante de víctimas de atrocidades semejantes: "¿Dónde está el alma humana en estas bestias?, preguntaría si fuera creyente, o peor aún, preguntaría dónde está Dios. Porque lo cierto es que hay ciertos parámetros del mal que escapan a cualquier fe y a cualquier ley?"
Nos interesa mucho esta pregunta. Y hemos de agradecer que un personaje público sea capaz de formularla, demostrando que va más allá de meras sensaciones siempre efímeras a las que nos tiene acostumbrados el mundo de los mass media. Está además bien formulada al incluir la doble cuestión: ¿dónde el alma humana, dónde Dios? Y quienes intentamos creer sin renunciar a pensar y a sentir como seres humanos, hemos de saber afrontarla con total honradez.
La lista de los horrores provocadores de los grandes interrogantes sería interminable. No sólo remitiéndonos a la conocida shoah del Holocausto hebreo, sino también a los más de cien millones de víctimas de regímenes comunistas de Polpot, los Gulag de la Unión Soviética, los campos de concentración, castigo y "reeducación" bajo Mao, que todavía subsisten hoy en China? y, sin alejarnos de la actualidad, la tragedia, que clama toda justicia, de la fábrica hundida en Bangladesh sobre más de mil trabajadores?
La pregunta formulada por Pilar Rahola resulta particularmente oportuna, cuando escuchamos tantas veces a quienes son interpelados sobre la fe (recordemos precisamente testimonios de entrevistados en "La Contra" del diario La Vanguardia), que responden "yo creo en la humanidad", "sólo creo en el ser humano". No caen en la cuenta de que "humanidad", "ser humano" son conceptos totalmente abstractos. No existe "la humanidad" más que como concepto lógico. Lo que existe son seres humanos con rostros, con nombres y apellidos concretos. ¿En quién, en quiénes creemos? Podríamos hacer también una lista de "buena gente", que ha hecho grandes cosas por la humanidad. Pero, ¿quién se ve libre de ocultas falsedades, pequeñas o grandes vanidades, traiciones para obtener beneficio en esta acuciante competencia, abandonos egoístas de compromisos de amor??
La fe cristiana tiene en su centro una verdad sobre Dios, que escandalizó a los judíos, hoy escandaliza a musulmanes y en general a todas las religiones: creemos en el Dios empapado, ahíto de carne humana, el Dios Encarnado, de carne humana que goza, pero que sobre todo sufre. Con el Evangelio en la mano podemos adelantar una primera respuesta a la pregunta: el verdadero Dios está con las víctimas, no sólo junto a ellas a manera de compromiso ético, sino ante todo en ellas mismas. Usando una expresión de la periodista afirmamos precisamente que "no hay parámetro de mal que sea ajeno al Dios de Jesucristo". ¿No lo vemos hoy en la Eucaristía?
Esto se ha de explicar. Lo haremos glosando el itinerario de fe que hicieron en pareja Raïssa y Jaques Maritain, tal como lo describe ella en su encantadora carta "En busca de lo absoluto".
La lucidez de Unamuno le hizo afirmar: "Dios no ha venido a quitar el mal del mundo, sino a llenarlo de su presencia".
? Agustí Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat





