Navidad

Agencia SIC

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Mons. Francesc Pardo y Artigas Esta noche del domingo cuarto de Adviento iniciaremos la celebración de la Navidad con la misa del Gallo. ¡Feliz Navidad con Jesús!

í, una Navidad con Jesús, porque sin Él no sería Navidad. Sería una fiesta más, entrañable, de buenos sentimientos? pero faltaría el gran regalo. No tendríamos belén: únicamente tendríamos un paisaje.

Hace ya algunas navidades visité algunos belenes, todos realizados con ingenio y esfuerzo. Pero me sobró uno en el que no había el nacimiento. O no supe descubrir a María ni a Jesús, y pensé que era necesaria alguna explicación por parte del autor o autores. A mi pregunta, el autor ?un joven? me respondió que había querido realizar un belén actual, no tradicional, y que por eso no había portal, ni las figuras tradicionales, ni los pastores, ni? De manera que había puesto personajes, coches, edificios y oficios de hoy y no del pasado. Valoré su voluntad de actualizar el belén, pero insistí que ?por lo menos en un rincón? había que situar el nacimiento, a Jesús, porque, si faltaba Jesús con María y José, aquello no era un belén. Era únicamente un paisaje.

Ciertamente, sin Jesús, el mundo, el de aquel tiempo y el de hoy, ya no es el belén de Dios, sino un paisaje más o menos bonito pero sin la buena noticia del nacimiento del Salvador.

Porque la Navidad nos hará revivir intensamente la experiencia de Dios, que en Jesús se nos ha hecho próximo, uno de nosotros, y así nos ha mostrado su rostro y su bondad.

La Navidad hace posible contemplar el mundo, la historia, la vida? desde una renovada comprensión: el hijo de Dios ha asumido nuestra propia carne, nuestra historia, nuestra vida, para renovarla y liberarla del mal y de la muerte, para salvarla.

La Navidad nos ofrece la oportunidad de renovar la fe en Jesús como Salvador, precisamente desde la sorpresa del hecho de rebajarse al hacerse hombre.

La Navidad nos ayuda a saborear la felicidad de confiar en Jesús y en su Buena Noticia para vivir cada día.

La Navidad nos ayuda a contemplar el rostro de Jesús en cada rostro humano, ya sea alegre, ya sea desfigurado por el dolor.

La Navidad nos hace sentir más hermanados, hijos del mismo Padre, hermanos de Jesús, de la misma familia; y agradecidos por el don que es cada persona para con los demás.

La Navidad nos permite vivir el gozo de darnos y dar lo mejor de nosotros mismos, para que Jesús sea "la Buena Nueva" para todos.

La Navidad nos permite valorar la total misión de la Iglesia, de las comunidades parroquiales, asociaciones, movimientos, actividades? a fin de que Jesús sea conocido, acogido, amado, y así nos pueda ofrecer sus dones a cada uno de nosotros y a todo el mundo.

La Navidad ha de ayudarte a vivir con gozo tu condición de cristiano o cristiana, porque ?como los pastores y los magos? también has escuchado la Buena Nueva (el Evangelio), te has acercado a Belén para encontrarte con Jesús, adorarle y ofrecerle tus dones.

La Navidad te estimulará para dar a conocer a Jesús y anunciarlo como lo hicieron los ángeles.

Vive estos días con intensidad, en familia, con alegría; pero vívelos también si estás solo, preocupado, desanimado, con añoranza? porque precisamente Jesús ha nacido por ti y para ti.

Y no dejes de acercarte a Belén, al pesebre, que hoy es la celebración de la Misa, porque hallarás al Señor.

¡Feliz Navidad!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

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