"La muerte no es nada" Están "al otro lado del camino"

"La muerte no es nada"… Están "al otro lado del camino"
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Mons. Joan E. Vives En el primer domingo de noviembre, día en que celebramos la Resurrección del Señor, este año recordaremos a todos los fieles difuntos. Los recordamos e intercedemos por todos: los que por lazos familiares y amistosos conocimos y amamos, y todos los muertos que nos han precedido, hasta los más anónimos, a quienes nadie reconoce y que son enterrados sin ninguna oración. La Iglesia Madre ruega por todos y les ofrece la misericordia más grande, la sangre derramada por Jesucristo en la Cruz, para que a todos les sean perdonados los pecados y faltas, y Dios les seque todas las lágrimas, los llene de Vida eterna y los tenga para siempre con Él. "Requiescant in pace" (RIP), "¡Que reposen en la Paz!", pedimos, sabiendo que Dios es la verdadera y única Paz de la humanidad.
Nuestra oración por los difuntos, que no falte durante este mes de noviembre, tiempo oportuno para recordar nuestra propia naturaleza débil y mortal, y acoger una reflexión sobre el fin que anhelamos y esperamos, hacia el que nos dirigimos: la Vida eterna con Dios, que no envejece ni muere nunca. Más que temer al morir, nos hemos de preparar a bien morir; contando con que llegará, y que nos ha de encontrar "velando".
Hace pocos días, repentinamente, moría un sacerdote amigo mío en la montaña, y los amigos comunes me han enviado este hermoso texto que ahora os transcribo, que ayuda en las muertes en las que no hemos podido despedirnos del que pasa el umbral hacia Dios. Que nos brille la certeza de que encontraremos a las personas queridas, y nos reencontraremos para vivir unidos. Nuestros muertos están sólo "al otro lado del camino". Que esta sea nuestra esperanza que nos sostenga en el dolor de la actual separación de los que amamos. Es un texto sugerente falsamente atribuido a Charles Péguy, pero que en realidad es del canónigo inglés Henry Scott Holland (1847-1918) que lo incrustó en un sermón suyo inspirado en S. Agustín, y que se denomina "Death is nothing at all".
"La muerte no es nada. Tan sólo he ido a la habitación de al lado.
Yo soy yo, y vosotros sois vosotros.
Lo que yo era para vosotros lo sigo siendo siempre.
Llamadme por el nombre con el que siempre me habéis llamado;
habladme como lo habéis hecho siempre,
no utilicéis un tono diferente, ni toméis un aire solemne o triste.
Continuad riendo de lo que nos hacía reír juntos.
Orad, sonreíd, pensad en mí, rogad por mí.
Que mi nombre sea pronunciado en casa como siempre lo habéis hecho,
sin énfasis de ningún tipo ni tampoco rastro de sombra.
La vida significa todo lo que siempre ha significado.
No se ha cortado ningún hilo.
¿Por qué debería estar fuera de vuestros pensamientos,
simplemente porque no nos podemos ver?
Os estoy esperando, por un intervalo.
No estoy lejos; tan sólo al otro lado del camino. Todo va bien."
¡Que la fe en Cristo Resucitado llene nuestra esperanza y sostenga nuestra oración por todos los difuntos!
+ Joan E. Vives
Arzobispo de Urgell





