Misericordiosos como el Padre

Misericordiosos como el Padre
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Mons. Joan E. Vives Cantando estas palabras "Misericordiosos como el Padre", extraídas del Evangelio según S. Lucas, "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (6,36), entramos por la Puerta Santa, en todo el mundo, el día de la inauguración del Año jubilar de la misericordia. Ahora que celebramos la Cuaresma, acerquémonos a la fuente de toda misericordia, que es Dios, conozcamos mejor a nuestro Dios, si queremos entender realmente lo que es la misericordia y la queremos practicar.
Misericordia viene del latín, "miserere" (miseria, necesidad) y de "cor/cordis" (corazón), y se identifica con tener un corazón solidario con aquellos que pasan cualquier tipo de necesidad. Normalmente identificamos misericordia con compasión, perdón, reconciliación? pero en la revelación bíblica, misericordia incluye dos realidades: la compasión como piedad hacia el necesitado, y la fidelidad que tiene el amor como exigencia. Por eso podemos encontrar traducciones bíblicas que usan indistintamente misericordia, amor, compasión, ternura, clemencia, bondad? Dice el Papa Francisco: "Es la palabra clave para indicar la acción de Dios hacia nosotros? Y es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia? La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo" (M.V. 9-10). Dios es "Señor de la misericordia" (Sab 9,1) y en el Nuevo Testamento viene presentado como el "Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias" (2Co 1,3).
En el corazón del Sermón de la Montaña (Mt cc 5-6-7) la Nueva Ley para todo discípulo de Cristo, Jesús pide que seamos perfectos en el amor como el Padre celestial es perfecto (cf. Mt 5,48), y en Lucas lo concreta en el contexto del amor a los enemigos, diciendo que debemos ser "misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (6,36). Esta es la gran novedad revelada por Jesús: ser bondadosos, compasivos? "como" el Padre. ¿Podremos jamás ser misericordiosos "como" Dios? Necesitamos al Espíritu Santo para poder llevar a cumplimiento este mandato de Jesús.
El Señor enseña el amor del corazón del Padre celestial, su Padre, a través de las llamadas "8 parábolas de la misericordia", que convendría que releyésemos y meditásemos. En ellas, dice el Papa Francisco, "Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que no se da nunca por vencido, hasta que no haya disuelto el pecado y superado el repudio, con la compasión y la misericordia" (M.V. 9).
Estas son las 3 grandes "parábolas de la misericordia":
? La oveja perdida, la dracma extraviada y reencontrada, y la compasión "excesiva" del padre misericordioso del hijo pródigo y del hijo mayor (Lc 15,1-37).
Y también con estas otras 5 parábolas, Jesús se explica y nos interpela:
? Los dos deudores y el acreedor, para entender a la mujer pecadora perdonada: "A quien se le perdona mucho, ama mucho" (Lc 7,41-43);
? La compasión de un extranjero, el buen samaritano (Lc 10,29-37);
? Lo opuesto a la misericordia, el rico anónimo y el pobre Lázaro (Lc 6,19-31);
? La oración eficaz: el juez malvado y la viuda inoportuna (Lc 18,2-4);
? El fariseo y el publicano en el templo: ¿quién marcha justificado? (Lc 18,10-14).
Estas parábolas traspasan el círculo de los discípulos, y dialogan e interpelan a la humanidad misma, haciéndole comprender cómo es Dios y cómo actúa. Es el Dios cuya misericordia "llega a sus fieles de generación en generación" (Lc 1,50), como canta la llena de gracia, la Virgen María, en el Magnificat.
+ Joan E. Vives
Arzobispo de Urgell





