"LLAMADOS A SER COMUNIDAD" ? Ante el Día de Caridad en la fiesta del "Corpus Christi"

"LLAMADOS A SER COMUNIDAD" – Ante el Día de Caridad en la fiesta del "Corpus Christi"

Agencia SIC

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Queridos diocesanos:

a solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo llega un año más como un eco de la celebración del Misterio pascual de Jesucristo que culminó en Pentecostés pero que nos permite e invita a renovar las actitudes personales y las expresiones que brotan en nuestra vida cuando evocamos, sincera y profundamente, el acontecimiento central de nuestra fe: la muerte y la resurrección de nuestro Redentor. El domingo del "Corpus Christi" es una gran fiesta de gratitud y de alegría ante lo que significa la Eucaristía como sacramento del amor por excelencia, el "Amor de los amores" como dice el himno más veces cantado en honor del Santísimo Sacramento.

En efecto, en la Eucaristía se contiene y se nos ofrece el amor del Señor "por nosotros y por muchos": un amor tan grande como quien nos lo ofrece, porque es el amor personal que brota del corazón de Cristo, un amor generoso, gratuito e inmenso, siempre a disposición de toda persona necesitada no solo del pan material sino también de consuelo, esperanza, fortaleza, alegría? Celebrar la Eucaristía significa dejarse alimentar por Dios mismo y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales hacia los que tendemos más o menos egoístamente, sino sobre una realidad que no perece y que Jesucristo nos da con su palabra y en el sacramento. La Eucaristía es fruto agradecido que manifiesta la entrega que Cristo hizo de sí mismo, es decir, la donación del "amor más grande" que pueda imaginarse, el amor divino que le llevó a dar su vida en la cruz y a convertirse en el "pan de la vida eterna".

Por eso la recepción de ese "pan" hace de todos los que participan una verdadera fraternidad como da a entender la palabra "comunión" ("común-unión"), usada también para designar el misterio eucarístico porque resume, en sí misma, la dimensión vertical y la dimensión horizontal del don de Cristo en este sacramento: unión con Él y unión entre quienes lo recibimos. San Pablo lo ponía de manifiesto cuando exhortaba a la unidad a los cristianos de Corinto: "El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan" (1 Cor 11,16-17).

La afirmación de fondo no puede ser más realista y las consecuencias prácticas tampoco: participar en la Eucaristía, signo y causa de unidad, pide y exige cultivar actitudes y gestos verdaderos de amor solidario y efectivo con todos, de manera especial con los más necesitados. Como hacían los primeros cristianos, que "vivían todos unidos y tenían todo en común, vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno" (Hch 2,44-45). Porque no se puede decir que se ama a Dios, a quien no se ve, si no se ama de manera efectiva al prójimo a quien se ve (cf. 1 Jn 4,20). El cristiano no puede ceder a la tentación del egoísmo que termina endureciendo el corazón y cerrándolo al amor verdadero, el que crea comunidad y da frutos de justicia social, diálogo, solidaridad, participación, desarrollo integral, bien común, paz?

No lo olvidéis: la comunión con Cristo en la Eucaristía y el culto que debemos darle como expresión de gratitud, tienen su piedra de toque en la práctica efectiva de la caridad.

+ Julián López,

Obispo de León

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