El libro, un buen compañero de camino

El libro, un buen compañero de camino

Agencia SIC

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Mons.Javier Salinas En esta época de ordenadores y grandes tecnologías audiovisuales, de Internet y otros medios, son muchos los que se preguntan sobre el valor del libro en nuestra vida. Hay quienes afirman que pronto dejará de existir. Sin embargo desde hace ya casi cinco mil años, en que la escritura empezó a ser un instrumento de comunicación, la escritura ha ido creciendo hasta adquirir forma de libro. Y así, sobre todo desde el invento de la imprenta, en convertirse en un excelente compañero de camino en la vida personal y comunitaria. Un humanista del siglo XVI contaba así su relación con los libros: "avanzada la tarde me vuelvo a casa y entro en mi despacho. En el umbral me despojo de mis vestidos cotidianos? entonces, dignamente ataviado, entro en los libros de los hombres antiguos, donde amablemente soy recibido por ellos, me deleito con ese alimento que sólo es para mí? y no me avergüenzo de hablar con ellos, y de preguntarles por las razones de sus acciones. Y ellos, por su humanidad me responden".

Este testimonio nos revela el alcance del libro, en el que se atesoran tantas experiencias y donde podemos encontrar la sabiduría de los antepasados, o también la revelación de nuestros propios dolores y esperanzas. El libro nos da la oportunidad de ampliar horizontes, de dialogar pausadamente y cuantas veces queramos, de recrear un mundo que quizá es lejano pero cercano, pues revela las grandes experiencias de los hombres. Mucho pueden ofrecernos los medios actuales de comunicación, pero difícilmente podrán suplir la intimidad que genera un buen libro.

La memoria de la revelación de Dios a los hombres, que se ha realizado en la historia, llega a nosotros a través de libros: las Sagradas Escrituras. Verdadera biblioteca en la que la palabra humana se convierte en instrumento de la Palabra de Dios. Escrita por hombres que pertenecen al pueblo de Israel y a la comunidad cristiana primitiva, bajo la inspiración del Espíritu, nos traen la memoria de las acciones de Dios, cuya plenitud es Jesucristo. Los libros de la Biblia son Palabra de Dios, en relación con las preguntas que hombres y mujeres le hacen desde experiencias de amor y de dolor, de prosperidad y de miseria, de esclavitud y libertad, de alegría y tristeza, de enfermedad y de muerte.

La fiesta de San Jorge viene acompañada de la rosa y del libro. Aprovechemos la ocasión para elegir uno que sea un buen compañero de nuestras horas. Pero no olvidemos aquel que la comunidad cristiana nos ofrece: la Biblia. A través de los libros que la forman entraremos en el misterio de Dios, encontraremos respuesta al sentido de la vida, luz para fortalecer nuestra esperanza. Leamos la Biblia. Ella nos revela el misterio de Cristo, nos anuncia que nuestros nombres están escritos en el cielo (Cf. Lc10,20).

+ Javier Salinas Viñals

Obispo de Tortosa

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