La Libertad Religiosa (y II)

La Libertad Religiosa (y II)
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Mons. Esteban Escudero En el artículo del domingo pasado comentábamos que la libertad de creencia y de religión está amparada por el artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Desgraciadamente, eso no quiere decir que sea respetada en muchos países del mundo. Cada vez se detectan más ataques y violaciones a este derecho fundamental del ser humano. Nos centrábamos sobre todo en los países del Oriente Medio, donde la actuación del llamado Estado Islámico o la aplicación claramente injusta de la ley de la blasfemia en Pakistán eran los instrumentos para la eliminación sistemática de aquellos que no profesaban la interpretación extremista del Islam de sus dirigentes. Para ello nos fundábamos en el extenso Informe 2014, sobre la Libertad Religiosa en el mundo, publicado recientemente por la fundación de la Santa Sede "Ayuda a la Iglesia necesitada".
Sin llegar a esos extremos de violencia y arbitrariedad reseñados el domingo pasado, el Informe en cuestión analiza formas más sutiles de intolerancia religiosa y hostigamiento larvado a los creyentes, especialmente cristianos, en muchos países del mundo, incluidos bastantes del área occidental. En efecto, según el Informe, "actualmente, tanto la libertad religiosa como la libertad de conciencia están amenazadas en Europa Occidental. Dentro de la Unión Europea, el artículo 9 del Convenio Europeo de Derechos Humanos garantiza la libertad de pensamiento, conciencia y religión, pero varias naciones han experimentado conflictos de valores, que llevan a que se perciba que la libertad religiosa choca con la libertad de otros sectores de la sociedad, y en estas situaciones el Estado no siempre defiende enérgicamente los derechos de los grupos religiosos".
En 2013, el Observatorio sobre la Intolerancia y la Discriminación contra los cristianos en Europa, con sede en Viena, ha documentado 241 casos en toda la Unión Europea, entre ellos la bomba que explotó en la Basílica del Pilar de Zaragoza en España y el cóctel molotov lanzado contra una iglesia recién reformada en Lucca, Italia. El Observatorio también ha registrado la existencia de 41 leyes que afectan negativamente a los cristianos (que se puede utilizar como indicador para ámbitos en los que otros grupos de fe también sufren discriminación), por ejemplo cuando los padres no pueden optar por sacar a sus hijos de una educación sexual obligatoria directamente contraria a sus convicciones religiosas y cuando enfermeras y médicos se ven obligados a realizar acciones que consideran inmorales.
A medida que los activistas de la ideología de género se enfrentan a las opiniones tradicionales sobre la sexualidad, y consiguen la aceptación social de la homosexualidad como normativa, se han producido choques con los grupos religiosos. Miembros de estos grupos religiosos han criticado tanto los argumentos sobre los que se apoyan estas campañas como los estilos de vida que adoptan las parejas del mismo sexo. Como parte del cambio cultural que se está desarrollando, se ha impulsado la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de niños por parte de estas parejas que han tenido éxito en algunos países, como Dinamarca y el Reino Unido, con repercusiones muy distintas para los grupos religiosos. De hecho, el cristianismo se considera a menudo como antagonista a priori de todos los derechos homosexuales. Panfletos para colegios de Bélgica titulados Combatir la homofobia, describían el cristianismo como un obstáculo que impide superar los prejuicios contra los homosexuales. Ante la difusión de unos estereotipos tan negativos respecto a los grupos religiosos, en algunos países se suscita la preocupación de que los derechos de los homosexuales lleven a una censura de facto de las comunidades religiosas que defienden opiniones morales tradicionales sobre la homosexualidad. Las comunidades de creyentes constituyen, según la interpretación de algunos medios de comunicación laicos, un problema cada vez mayor que hay que resolver, o incluso marginar, en lugar de una tradición que se debe fomentar y apoyar. En Occidente está arraigando la opinión de que la religión, en lugar de sacar lo mejor de la humanidad, engendra sus peores aspectos.
Al final de la sección del Informe dedicado a la Europa Occidental, que lleva por títuloLibertad religiosa entre amenazas políticas y sociales, firmado por John Newton, de la fundación Ayuda a la Iglesia necesitada en el Reino Unido y por Martin Kluger, del Observatorio sobre la intolerancia y la discriminación contra los cristianos en Europa, se concluye afirmando que: "Los países europeos siguen tratando de resolver la cuestión de cómo permitir la plena expresión de las distintas opiniones en la esfera pública y fomentar la colaboración de los distintos sectores de la sociedad, cuando los grupos mantienen puntos de vista opuestos, e incluso contradictorios en sí mismos. Pero los grupos religiosos que suscriben principios morales más tradicionales temen que ante el choque de valores, acabe siendo a ellos a los que el Estado obligue a adaptarse a unas normas sociales recientemente consagradas a las que objetan en conciencia".
De hecho, existe la preocupación de que la imposición radical de las posturas relativistasimpida el reconocimiento social de las creencias religiosas. Esta idea fue subrayada por elPapa Benedicto XVI en 2011: "Es evidente que si se considera el relativismo como unelemento constitutivo esencial de la democracia se corre el riesgo de concebir la laicidadsólo en términos de exclusión (…) sobre la importancia social del hecho religioso. Dichoplanteamiento, sin embargo, crea confrontación y división, hiere la paz, perturba laecología humana y, rechazando por principio actitudes diferentes a la suya, se convierteen un callejón sin salida".
+ Esteban Escudero
Obispo de Palencia





