Las vocaciones don de la caridad de Dios

Las vocaciones don de la caridad de Dios
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Mons. Javier Salinas El cuarto domingo de Pascua nos presenta a Jesús como el Buen Pastor que da su vida por nosotros, que nos guía y protege. A su luz toda la Iglesia está convocada a orar por las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada. El Papa siempre ofrece un Mensaje para este día tan señalado. Este año lleva como título "las vocaciones don de la caridad de Dios". Una muestra del modo de ser y hacer de Benedicto XVI, que quiere conducir a la Iglesia a su renovación interior, proponiéndole volver a las "fuentes de la fe", es decir, a Dios Amor que se ha hecho visible en Jesucristo.
Cuando nos planteamos cómo suscitar vocaciones en la Iglesia, pensamos que es cuestión de estrategia, de vender bien el producto, como hacemos en otras cosas. Sin embargo, no podemos fabricar las vocaciones, ni pensar que son el fruto necesario de unas determinadas condiciones. Nada más alejado de la realidad de la fe. Una vez más se pone de manifiesto que lo importante no son las estrategias sino los fundamentos. Si creemos que Dios es Amor y origen de todo amor, si aceptamos que Él existe y nos ama, todo cambia. San Agustín, haciendo memoria de su itinerario personal, confesaba: "¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba? Tú estabas conmigo, más yo no estaba contigo?"(Confesiones, X,27,29). Es el encuentro con Dios, el amor que en Él se experimenta, el origen de la transformación que vive San Agustín, de su vocación. Y pasa lo mismo en nosotros.
Cuando entramos en la dinámica de la historia de Dios con nosotros, tal como nos narra la Sagrada Escritura, comprendemos que la entraña del ser humano es vocación, es decir, llamado por Dios. Y en el origen de esta llamada está su amor infinito. "Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la Cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente"(Benedicto XVI).
Por esto, cuando nos preguntamos qué hacer para promover las vocaciones en la Iglesia, la respuesta es orar, pedírselas al Señor. No basta con desearlas. Urge una acción pastoral que ponga el acento en el acompañamiento personal; en la invitación a la oración a través de la lectura de la Sagrada Escritura y la participación en la Eucaristía y la Penitencia. También será necesario apoyar aquellas condiciones que favorecen un estilo de vida guiado por el amor a Dios y a los demás, especialmente en la familia y en los distintos ámbitos educativos. Propuestas que requieren comunidades cristianas vivas, renovadas interiormente, cuyo fundamento está en Dios, que es Amor.
+ Javier Salinas Viñals
Obispo de Tortosa





