A Jesús le importan nuestros sufrimientos

A Jesús le importan nuestros sufrimientos
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Mons. Eusebio Hernández Queridos hermanos y amigos: En estos últimos días del mes de junio van concluyendo las actividades del curso; los colegios entran en un periodo de evaluación, las distintas actividades culturales van realizando sus actos de clausura y también en nuestras parroquias y grupos de formación se pone fin a muchas actividades.
Es un tiempo para revisar aquello que hemos realizado intentando siempre mejorarlo en el futuro pero, sobre todo, es un tiempo de acción de gracias; los cristianos siempre debemos tener un corazón agradecido por lo que Dios realiza en nosotros. Es verdad que muchas veces podemos estar descontentos, o nos sentimos desalentados porque no vemos los frutos deseados de nuestros desvelos y trabajos pero el pesimismo no nos puede vencer.
El Evangelio de este domingo (Marcos 4, 35-40) nos presenta una escena que muchas veces nosotros podemos vivir: nos presenta a Jesús con sus discípulos, al atardecer y estando en una barca se levanta una gran tempestad y surge el miedo y el terror, en esta situación difícil choca el dato que el evangelista nos da, Jesús se ha dormido; los discípulos gritan angustiados y Jesús los escucha y calma la tormenta.
Cuántas veces sentimos en nuestra vida esa misma angustia y, a la vez, esa impotencia ante aquellas cosas que nos cuesta trabajo comprender; parece incluso que también Jesús está dormido y no responde a nuestra angustia. También en el campo de nuestras actividades pastorales nos puede suceder lo mismo.
En estas situaciones se pone a prueba nuestra fe porque no podemos nunca dudar de que a Jesús sí le importan las situaciones por las que pasamos y por qué no decirlo, quiere que le gritemos con nuestra oración.
Pongamos nuestros ojos en el Señor, con la confianza de que a pesar de las dificultades, Él es quien guía nuestra barca y aunque las dificultades y sufrimientos siempre están presentes, nuestra fe nos asegura que quien grita al Señor será escuchado.
Tampoco las dificultades nos pueden apartar de los hermanos ya que abrirnos a ellos y tenderles la mano, al contrario de lo que podemos pensar, disipa y alivia todo aquello que de negativo hay en nosotros.
Por eso podemos decir con las palabras de San Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura (2 Corintios 14-17): Nos apremia el amor de Cristo. Ponemos pues nuestros ojos en el hermano, especialmente en aquellos que más necesitan encontrarse con la Buena Noticia del Evangelio de Jesús.
Con todo afecto os saludo y bendigo.
+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona





