La Eucaristía: comunión con Cristo y entre nosotros

La Eucaristía: comunión con Cristo y entre nosotros

Agencia SIC

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Mons. Javier Salinas Este domingo celebramos la fiesta del Corpus Christi. Los cristianos centramos nuestra atención en la presencia real del Señor en la Eucaristía. "Es grandemente admirable que Cristo haya querido hacerse presente en su Iglesia de esta manera singular. Puesto que Cristo iba a dejar a los suyos de forma visible, quiso amarnos su presencia sacramental; puesto que iba a ofrecerse en la Cruz por nuestra salvación, quiso que tuviéramos el memorial del amor con el que nos ha amado "hasta el fin" (Jn 13,1), hasta el don de su vida. En efecto, en su presencia eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se entregó por nosotros y se queda bajo los signos ?el pan y el vino- que expresan y comunican este amor" (CIC, 1380).

Este año, la fiesta del Corpus tiene para nosotros un alcance más universal. Todos los cristianos, desde los rincones más recónditos del mundo, estaremos unidos a una amplia representación de la Iglesia que en Dublín, capital de Irlanda, hace una pausa en su largo caminar para celebrar el 50 Congreso Eucarístico Internacional. Un momento específico en el que la Iglesia universal es invitada a fijarse especialmente en un aspecto de la Eucaristía: la comunión con Cristo y entre nosotros. Tertuliano, escritor de la Iglesia primitiva, afirmaba que "un cristiano solo no es cristiano". Es en la Eucaristía donde se descubre el código genético de todo cristiano: ser para la comunión con Dios y con los otros. Celebrar, participar en la Eucaristía, es entrar en comunión con Cristo, y así, realizar en una nueva dimensión una aspiración fundamental de nuestro corazón: vivir en comunión con los demás.

Cuando participamos en la Eucaristía descubrimos que no andamos solos el camino, que Cristo, "como hizo en otro tiempo con los discípulos de Emaús, nos explica las Escrituras y parte para nosotros el Pan" (Plegaria Eucarística V/a). "Él abre nuestros ojos a las implicaciones sociales, culturales y políticas del Evangelio. Es escuela de amor activo al prójimo. Podemos pensar en los comentarios de la Beata Madre Teresa de Calcuta, en el sentido de que en la Misa tenemos a Cristo en la apariencia del Pan, mientras que en los barrios podemos ver a Cristo y tocarlo en los cuerpos destrozados y en los niños abandonados. Una verdadera participación en la Misa nos pedirá revisión de nuestras relaciones personales, sociales e institucionales con nuestros prójimos" (Documento Congreso).

Salgamos por las calles acompañando a Cristo presente en la Eucaristía, adoremos a Dios Padre, que nos ha hecho el gran don de Jesús, entregado por nosotros; y en comunión con Cristo, pongámonos en camino para mostrar un amor eficaz a los demás.

+ Javier Salinas Viñals

Obispo de Tortosa

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