La Enseñanza Religiosa Escolar
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Mons. J. Leonardo Lemos Ya viene siendo costumbre que los Obispos de Galicia escribamos una carta conjunta a todos los fieles hablándoles de la importancia que tiene buscar una enseñanza de calidad en la que profesores bien formados y competentes, provistos de los medios materiales adecuados, hagan posible a los niños y los jóvenes un desarrollo integral de todas las dimensiones de su persona. Sin embargo, este proyecto no sería pleno si le faltase ese elemento esencial que es el valor humanizador y trascendente del hecho religioso que les ayudará a configurará el horizonte de verdad, de belleza, de auténtica solidaridad, de esperanza y de libertad.
Nos sorprende que en un pueblo como el nuestro que se enorgullece de su talante democrático, se escuchen o se lean comentarios de los que se consideran dirigentes de nuestra sociedad en los que manifiestan su rechazo, cuando no su hostilidad, a la presencia de la enseñanza de la religión Católica en las aulas. En ocasión da la sensación que son menos exigentes, o quizás más tolerantes, con otras manifestaciones religiosas. Insisten en proclamar, una y otra vez, que este tipo de enseñanza es un privilegio de la Iglesia. ¡La Iglesia no busca privilegios ni los necesita! Solo pedimos libertad de acción y de pensamiento, y, en el caso de la enseñanza de la Religión Católica en las escuelas no es un privilegio que pretende la Iglesia, sino que es, ante todo, un derecho y una responsabilidad de los padres y madres de familia: vuestros hijos han de recibir la educación religiosa que corresponde a vuestras convicciones, de acuerdo con la libertad de enseñanza y la libertad religiosa que reconoce la vigente Constitución Española.
Por otra parte, convienen subrayar el hecho de que la enseñanza de la religión no es una catequización en la escuela, ni un adoctrinamiento, sino que busca que los alumnos conozcan las razones de su propia tradición cultural cristiana, y realicen un estudio razonable de sus contenidos principales y de su historia, con sus implicaciones éticas y sociales. Es parte imprescindible para lograr una formación integral, una inserción personal y libre en la sociedad y en el mundo, así como una preparación adecuada para construir una civilización de paz, de amor y de auténtico progreso. Un cristiano bien formado será siempre un buen ciudadano.
En este clima de respeto, de libertad religiosa y de pensamiento, no podemos ceder ante el creciente prejuicio laicista que pretende excluir de ámbito de lo humano el hecho religioso y sus manifestaciones públicas. La presencia de la enseñanza religiosa como una materia propia y de proyección académica, equiparable a las demás asignaturas en sus objetivos, en el rigor científico de sus contenidos y en el carácter formativo de sus métodos, no se puede excluir de los planes de estudio sobre todo si se pretende que estos sean objetivamente válidos para todos. Resulta lamentable que siempre que nos embarcamos en procesos electorales surge la problemática acerca de la enseñanza en las escuelas de la asignatura de Religión Católica; quizás las otras religiones no son tratadas de la misma manera ? y que conste que no tenemos complejo y ni queremos marcar una línea de rivalidad con las otras confesiones, ¡todo lo contrario! ? sería de desear, por el bien de todos, y para que desaparezca esa fácil e ingenua ideologización de algunos de nuestros conciudadanos a los que se les habla, con falta de espíritu crítico, acerca de esos supuestos privilegios que reclaman los Obispos, o que hay que suspender, denunciar o romper los pastos entre el Estado Español y la Santa Sede. Nuestro país debe ser de los pocos que existen en la vieja Europa democrática en el que de cuatro en cuatro años estamos escuchando la misma "cantinela". Desearíamos, como gran parte de la sociedad civil, que la educación de los niños y de los jóvenes quedase al margen de la oportunidad política. Es imprescindible un gran pacto en favor de una enseñanza innovadora, libre de prejuicios ideológicos, abierta a los grandes valores del humanismo cristiano ? que están en la base de la llamada civilización occidental ? en la que se eduque a los ciudadanos del mañana de forma integral.
Os invito, desde Comunidade, a que reflexionéis sobre esto que nos dicen los Obispos de Galicia, y que con responsabilidad moral y cívica, cumpláis con vuestro deber a la hora de elegir a aquellos que nos van a gobernar. Desentenderse de la marcha del mundo y de nuestra sociedad, quedándonos cómodamente en nuestras casas, o situados en la crítica y en el lamento no es signo de un cristianismo responsable. No podemos mantenernos al margen en la elección de nuestros gobernantes. La libertad de enseñanza, la religión en la escuela, el valor de la vida humana y otras muchas realidades reclaman de nosotros coherencia y valentía. En este mes de junio os ruego que encomendéis al Corazón de Cristo todos los nobles afanes y proyectos que la Iglesia tiene en su corazón.
Os bendice con afecto,
+ J. Leonardo Lemos Montanet
Obispo de Orense





