Enfermedades que necesitamos identificar, confesar y curar (1)

Enfermedades que necesitamos identificar, confesar y curar (1)

Agencia SIC

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Mons. Joan E. Vives ¡Es tan importante identificar las enfermedades del alma para poder confesarlas ante Dios y la Iglesia, con el sacramento del perdón, y así ser sanados! Por eso os ofrezco las 15 enfermedades que el Papa identificó en un famoso discurso del pasado diciembre a la Curia, que son males y tentaciones peligrosos para todo cristiano y para toda curia, comunidad, congregación, parroquia, movimiento eclesial, y que pueden afectar tanto en el plano individual como en el comunitario. Nos ayudarán a preparar la celebración del Sacramento de la Reconciliación, para vivir mejor la Pascua.

¿Sufro yo estos males o tentaciones? Hagamos examen de conciencia:

1. El mal de sentirse "inmortal", "inmune", e incluso "indispensable".

2. La excesiva laboriosidad (Marta), cuando, enfrascados en el trabajo, dejamos de lado, inevitablemente, "la mejor parte": estar sentados a los pies de Jesús.

3. También existe el mal de la "petrificación" mental y espiritual, es decir, el de aquellos que tienen un corazón de piedra y son "duros de corazón".

4. El mal de la planificación excesiva y el funcionalismo.

5. El mal de una falta de coordinación con quienes trabajo, con los que convivo, sin buena comunión entre nosotros.

6. El "Alzheimer espiritual", es decir, el olvido de la "historia de la salvación", de la historia personal con el Señor, del "primer amor" (cf. Ap 2,4).

7. El mal de la rivalidad y la vanagloria.

8. El mal de la esquizofrenia existencial. El que tiene una doble vida, fruto de la hipocresía típica de los mediocres y del progresivo vacío espiritual, que las vanaglorias no pueden satisfacer.

9. El mal de la murmuración y del cotilleo. De los que despotrican a espaldas de los demás.

10. El mal de divinizar a los jefes: es la enfermedad de los que cortejan a los superiores, esperando obtener su benevolencia. Son víctimas del arribismo y el oportunismo; honran a las personas y no a Dios.

11. El mal de la indiferencia hacia los demás. Se da cuando cada uno piensa sólo en sí mismo y pierde la sinceridad y el calor de las relaciones humanas.

12. El mal de la cara fúnebre, la severidad teatral y el pesimismo estéril que son frecuentemente síntomas de miedo e inseguridad de sí mismo.

13. El mal de acumular, que se produce cuando el apóstol busca llenar un vacío existencial en su corazón acumulando bienes materiales, no por necesidad, sino sólo para sentirse seguro.

14. El mal de los círculos cerrados, donde la pertenencia al grupo se hace más fuerte que la pertenencia al Cuerpo eclesial y, en algunas situaciones, a Cristo mismo.

15. Y el último: el mal de la ganancia mundana y del exhibicionismo; cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para obtener beneficios mundanos, o más poder.

Corresponde sólo al Espíritu Santo -el alma del Cuerpo Místico de Cristo-, curar toda enfermedad. Él es quien sostiene todo esfuerzo sincero de purificación y toda buena voluntad de conversión. El que nos hace comprender que cada miembro participa en la santificación del cuerpo y también en su decaimiento. Él es el promotor de la armonía. Sanaremos si tenemos conciencia de la enfermedad, y si tomamos la decisión personal y comunitaria de sanar, soportando con perseverancia las curas. ¡Pidamos hacerlo con fe y por intercesión de la Virgen María!

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

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