Convertidos a la ortodoxia: Olivier Clement
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Mons. Agustí Cortés Muchos de los grandes convertidos al cristianismo de la ortodoxia procedían del ahogo y el sufrimiento provocado por el régimen comunista en la Unión Soviética. Pero no faltó quien hizo el camino hacia la fe ortodoxa desde una situación familiar y cultural típicamente europea y occidental. Su testimonio nos interesa de una manera especial precisamente por su cercanía a lo que podemos vivir nosotros.
El historiador, teólogo, escritor, Olivier Clément es muy conocido, sobre todo en Francia por sus publicaciones (más de treinta) y sus colaboraciones en la prensa. Nacido en 1921, en Aniane (Languedoc francés), fue educado en el más estricto agnosticismo. Nunca oyó hablar de Dios, "a excepción de algún comentario irónico seguido de risas contenidas". Conocemos su camino hacia la fe por su autobiografía de conversión El otro sol. Su padre, socialista convencido, con palabras del mismo O. Clément, "era un parroquiano sin parroquia, un contemplativo al que nadie había hablado del Dios vivo? le gustaba, en efecto, leer el libro del Apocalipsis, porque "era tan bella la visión de la Jerusalén Celeste"?". Dos sentimientos "naturales", muy importantes, determinarán la búsqueda de la fe en Olivier. Por un lado, su capacidad para el asombro y el disfrute de la belleza del mundo, de la naturaleza y las personas; por otro, la sensibilidad ante el hecho de que todo haya de acabar con la muerte. Ambos movimientos venían a significar la frustración irremediable de la pasión por vivir (la felicidad). Estudió historia y un día se despertó angustiado con solo pensar que todos los personajes conocidos "yacían hoy en la nada". Y con veinte años inició un camino de búsqueda apasionada. Profundizó en la historia de las religiones. El protestantismo no le satisfizo por su "sequedad".
Atraído por su belleza, compró, con una considerable cantidad de dinero, un icono de Cristo y Juan Bautista en una tienda de antigüedades de París. Lo colgó en una pared de su cuarto. En un momento dado frente al icono se sintió mirado. Así lo describe:
"Todo era silencio, palabras de silencio? en una profundidad en la que ya no estaba yo solo. Me dijo que yo existía, que él quería
que yo existiera y, por tanto, que no era ya nada. Me dijo que yo no era todo, pero sí responsable. Me dijo que yo necesitaba ser perdonado, curado, creado de nuevo?. "He aquí que estoy a la puerta llamando". Y abrí".
Por el icono entró en la Iglesia Ortodoxa. Profundizó su relación con Lossky y con otros miembros de esta Iglesia en Francia, exiliada de la Unión Soviética, como el padre Sofronio, que fue para él un verdadero padre espiritual. Tras un proceso de preparación, recibió el bautismo el 1 de noviembre del año 1952, cuando contaba 30 años. Gran estudioso de la teología y la Iglesia Ortodoxa, llegó a ser profesor del Instituto de Teología San Sergio en París. Paradigma del diálogo cristiano ? ortodoxo, invitado al Concilio Vaticano II, amigo del Papa Juan Pablo II, defendió con él la Europa que respira con dos pulmones, Oriente y Occidente. El Papa le encargó la redacción del Via Crucis del Viernes Santo en el Coliseo de Roma el año 1998. Dirá:
"He quedado fascinado por un Dios infinitamente cercano, más íntimo a nosotros que nosotros mismos, de tal manera que, por más profunda que sea nuestra desesperación, él se pone entre nosotros y la nada"
Fue uno de los fundadores de la Fraternidad Ortodoxa de Europa Occidental, un auténtico foco de esperanza para tantos exiliados (espiritualmente y materialmente), entre los que destaca la impresionante figura de María Stobtsov, madre espiritual víctima del holocausto nazi. Clarividente respecto de los problemas actuales de la fe y de la Iglesia en nuestro mundo, constituye un testimonio claro de que la fe en Cristo siempre es fecunda: por ella algo de la belleza de la Jerusalén Celeste empieza a despuntar.
? Agustí Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat





