Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: La unidad de los cristianos

Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: La unidad de los cristianos

Agencia SIC

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Celebramos el Octavario de oración por la Unidad de los Cristianos, un tiempo para intensificar la petición a Dios para que podamos crecer en el amor a Él y al prójimo y así se vaya realizando la unión de los hombres con Él y, como fruto de esa unión, de todos entre sí. Desde aquí quiero alentar a todos a la participación en el Octavario en particular y en el trabajo por la unidad de los cristianos en general. Os presento para ello tres aspectos que pueden motivarnos a acoger esta invitación a la oración común en nuestras parroquias y comunidades.

1. Lo quiere el Señor. Es muy llamativo que, en la Última Cena, llegando el momento del cumplimiento de su obra en el mundo, el deseo del Corazón de Jesús, por lo que se va a entregar y por lo que pide, sea precisamente la unidad: "Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17, 21- 23).

La unidad es el fruto de la Redención que repara la división provocada por el pecado ya en nuestros primeros padres. Es expresión de la participación en la vida de Dios, de la gloria que nos comunica. Unidad con Él, con uno mismo (superando la división interior: "el espíritu pronto, pero la carne débil" de Mt 26, 41), con los demás y con el mundo creado por Él.

2. Lo promueve la Iglesia. Como cuerpo de Cristo, la Iglesia tiene los mismos sentimientos del que es su Cabeza (cfr. Flp 2, 5- 8), se une a su oración al Padre, y trabaja por alcanzarlo. Así lo expresa cada día en la Misa cuando en la Plegaria Eucarística II pedimos "que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo" o, más adelante, en el rito de la comunión: "No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la unidad y la paz".

Desde su Magisterio, además, enseña los fundamentos profundos de la unidad y alienta a su realización. San Juan XXIII, al convocar el Concilio Vaticano II, lo consideraba un deber trabajar por ella. El Decreto "Unitatis Redintegratio", referencia ineludible para el movimiento ecuménico actual, manifestaba en sus primeras líneas que la unidad entre los cristianos es uno de los fines principales que hemos de procurar.

Por su parte san Juan Pablo II en la encíclica "Ut unum sint", instando a la Iglesia a asumir el trabajo por la unidad de los cristianos, se preguntaba: "¿Cómo podría negarse a hacer todo lo posible, con la ayuda de Dios, para derribar los muros de la división y la desconfianza, para superar los obstáculos y prejuicios que impiden el anuncio del Evangelio de la salvación mediante la Cruz de Jesús, único Redentor del hombre, de cada hombre?"

3. Lo necesita la humanidad. San Juan Pablo II situaba el empeño por la unidad como condición necesaria para el desempeño fructuoso de la misión de la Iglesia, tal y como lo dijo el Señor: unidad "para que el mundo crea".

Este año, el lema del Octavario, "Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo" (Mt 2, 2), nos recuerda la universalidad de los destinatarios de la misión. La Iglesia ha de ser la "estrella" que guíe a todos los hombres a la adoración del Dios con nosotros, conscientes de que en Él se encuentra la salvación de este mundo, en estos momentos tan oscuros y difíciles.

Acogiendo la invitación del Señor, en este Octavario oraremos en todas nuestras parroquias y comunidades. También tendremos dos momentos de oración con los cristianos ortodoxos rumanos de Toledo y Talavera de la Reina y, según lo que el Papa Francisco llama el "ecumenismo de la santidad", acogeremos en nuestra catedral la presencia del obispo de la comunión anglicana en España, don Carlos López, este domingo, en la próxima celebración de san Ildefonso.

Que este Octavario nos ayude a vencer el pecado y su consecuencia: las divisiones; que crezcamos en la unidad y así seamos la estrella que guía a los hombres en las tinieblas de este mundo, convirtiéndonos en instrumentos eficaces de Dios en su deseo de que todo el género humano

se una con Él y entre sí.

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

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