El Bautismo, el mejor regalo

El Bautismo, el mejor regalo

Agencia SIC

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Mons. Jaume Pujol El primer domingo después de Epifanía se celebra el Bautismo del Señor y con esta fiesta se cierra el tiempo de Navidad. Es una festividad que para los cristianos resulta entrañable. Desde los primeros tiempos apostólicos, la Iglesia se ha alegrado de administrar este sacramento que abre a la vida de la gracia.

¡Con cuánta emoción acuden los padres a bautizar a sus hijos! Llegan a la parroquia con los padrinos, que también tienen a título de honor asumir la responsabilidad de este momento trascendente. He escogido un ejemplo, de los millones que podrían encontrar: el de una niña que vivió hace un par de siglos: Joaquina de Vedruna.

Cuentan sus biógrafos que el 16 de abril de 1783 las campanas de la parroquia del Pi, de Barcelona, repicaban por la celebración del bautismo. Sus padres, que vivían en la calle Hospital, cruzaron las Ramblas aquel día primaveral y se adentraron en el Barrio Gótico. Atravesaron la puerta de aquel templo del siglo XIV y se dirigieron a la capilla donde se encontraba la pila bautismal. Allí tuvo lugar la ceremonia.

Joaquina se casó a los 16 años, fue madre de nueve hijos y, al enviudar, fundó en Vic la Congregación de Hermanas Carmelitas de la Caridad. Cuando murió, en 1854, sus continuadoras siguieron con su carisma de educación cristiana y cuidado de los enfermos en múltiples comunidades. San Juan XXIII la canonizó en 1959. En la Parroquia del Pi, una placa reza: aquí fue bautizada Santa Joaquina de Vedruna.

Me he entretenido en el bautismo de una santa muy popular porque deseaba fijarme en los frutos de santidad que pueden desarrollarse a partir de la semilla del primer sacramento si somos fieles a la gracia. El Catecismo de la Iglesia Católica dice que "la gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta particularmente en el bautismo de los niños", y señala que "los padres cristianos deben reconocer que esta práctica corresponde también a su misión de alimentar la vida que Dios les ha confiado."

Este domingo es una buena ocasión para que las familias reflexionen sobre ello. Quizá en algunos casos deberán ser los abuelos quienes recuerden a los padres la importancia de vivir esta práctica sacramental y no aplazar el bautismo de los hijos. El amor de Dios está en el origen de nuestra existencia y del milagro que es una vida humana. Que las familias cristianas tengan en cuenta el mejor regalo que pueden hacer a sus hijos: trasmitirles su fe.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

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