El bautismo, la mejor denominación de origen

El bautismo, la mejor denominación de origen

Agencia SIC

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Nos podría pasar lo mismo que a Juan, el discípulo de Jesús, que incluso recuerda la hora de su primer encuentro con Él, si recordáramos, el día, la hora y el lugar de nuestro bautismo. Por ello, va bien que nos preguntemos si de nuestro bautismo ?como primer encuentro con el Señor? valoramos y vivimos su verdadera dimensión. Puestos a celebrarlo todo, ¿qué importancia doy al cumpleaños de mi bautismo? ¿Su recuerdo, me alienta a vivir hoy el seguimiento de Jesús como Señor de mi vida, como el que lo es todo para mí? ¿Recordarlo y hacer acción de gracias hace más intenso el sentido de pertenencia a la Iglesia, que me ha acogido y me acompaña?

Un día concreto, al recibir el don del bautismo, fuimos acogidos por la Iglesia e incorporados a ella como miembros de pleno derecho. Gracias a la encarnación de Jesús, nos encontramos ante nuestra mejor denominación de origen, la que tiene su raíz en Dios: hijos de Dios en el Hijo por la acción del Espíritu Santo en nosotros. Cuando Jesús dice "vendremos a vivir con él" (Jn 14,23) se refiere a cada uno de nosotros, receptores de este don gratuito. Es lo mejor que nos podía pasar: adquirir máxima dignidad y ser aceptados en la comunión de una Iglesia que es comunidad de hermanos y quiere que estemos contentos de serlo.

Incorporados a Jesucristo por el bautismo, la salvación que Dios ofrece a sus hijos reclama nuestra respuesta creyente y adhesión libre. Como resultado, recibimos la mejor noticia, que es la participación de la misma filiación que Jesús; de ahí nuestra identificación con él y la fuente de nuestro compromiso bautismal de hacerlo presente en la misión de pasar por todas partes haciendo el bien. Esta es la respuesta que brota de la unción que nos hace fuertes y ágiles para realizar hoy la misión de Jesús en medio de nuestra sociedad.

Concretémoslo. La práctica de la justicia, la construcción de la paz, la estima mutua, la pasión por extender el bien y dar la salud a los dominados por el mal resume aspectos importantes de la misión social que la Iglesia tiene encomendada, y que, a su vez, encarga a los bautizados poner en obra por la fuerza del Espíritu Santo. Vivir como bautizados significa contribuir con corresponsabilidad a que nuestra sociedad se organice según Dios, un compromiso que todo bautizado asume por la confianza puesta en el Señor.

+ Sebastià Taltavull

Obispo de Mallorca

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