Aprender a amar

Aprender a amar
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Mons. Javier Salinas Amar y ser amado constituye una experiencia fundamental en la vida de toda persona. En realidad, "el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente" (Juan Pablo II). El amor habita la vida humana, y, sin embargo, es necesario aprender a amar. Muchas veces se confunde amor con múltiples sentimientos que le impiden desarrollar su impulso más noble, el cual se teje con la combinación de deseo del otro y don de sí mismo. Amor es la entrega libre del corazón.
Aprender a amar parece fácil, pero es tarea de toda una vida. Una misión que tiene características propias cuando se trata de una forma de amor particularmente hermosa: el que se da entre el hombre y la mujer, en el que dos personas se entregan mutuamente para siempre. Una experiencia en la que se da una íntima relación entre el amor y la sexualidad. Precisamente ésta necesita del ámbito de un amor fiel y seguro para desarrollarse con plenitud. "La unión sexual es una hermosa expresión, corporal y sensual, del amor. Las personas que buscan el sexo sin amar mienten, porque la cercanía de los cuerpos no corresponde a la cercanía de los corazones" (Catecismo para jóvenes Youcat, 403).
Pero todo esto no resulta tan fácil en el contexto cultural en que vivimos. De ahí la necesidad que tenemos los cristianos de afrontar esta gran cuestión y presentar de forma razonable nuestra visión del amor, de la sexualidad, de relación entre hombre y mujer. En esta línea, el Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, ha publicado un texto que puede ser de gran ayuda: "Aprender a amar. 30 preguntas para no equivocarse en la aventura más importante de la vida" (Ed. BAC). A través de esas preguntas se establece un diálogo para afrontar estas grandes cuestiones que pueden llevar a vivir el amor, no como una realidad reducida al instante y la emoción, sino como una posibilidad de perdurar en el tiempo, de hacer posible la gran aventura del matrimonio y la familia.
La realidad del amor pertenece a lo más vivo de nuestro ser de hombre o de mujer. Es importante afrontar este tema de manera directa en nuestra sociedad. Y los padres no pueden pasar por alto la educación afectiva y sexual de sus hijos, la cual tiene que ver con su forma de vivir como matrimonio el amor, en todas sus dimensiones. Una educación que es sobre todo un testimonio, acompañado por la capacidad de diálogo, siempre abiertos a la propuesta del Evangelio dela Vida.
? Javier Salinas Viñals
Obispo de Tortosa





