Masters de Augusta
Sergio García paga su frustración con uno de sus palos y lo parte por la mitad en el Master de Augusta
El español rompió el driver después de dar un mal golpe y tendrá que terminar los 16 hoyos sin ese palo.

Sergio García rompe el driver
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El Masters de Augusta es el primero y el más famoso de los cuatro grandes del Golf. Cada año el Augusta National se viste de gala para acoger a los mejores golfistas del mundo y a miles de aficionados. Todos ellos, sin distinción, deben cumplir con el estricto código de las instalaciones: Está prohibido correr, no se puede llevar la visera de la gorra hacia atrás ni usar el teléfono móvil. De hecho, la seguridad del torneo retira todos los aparatos electrónicos a la entrada al recinto.
Y todos deben cumplir esa regla. Si no que se lo digan al legendario Mark Calcavecchia, ganador del Open Británico en 1989 y que ha participado en 18 ocasiones en el Masters de Augusta. Le pillaron hablando por el móvil y fue expulsado del club, donde se encontraba como invitado de honor. Solo se puede hablar por teléfono en las cabinas de los hoyos 6 y 18. La política es tajante y Calcavecchia puede dar fe de ello.
un mal momento
A pesar de eso, la frustración ha podido este domingo con Sergio García. El español después de dar mal un golpe en el hoyo 2, destrozó el driver y no podrá jugar con él los 16 hoyos restantes. Pero su mal momento no es nuevo. De hecho, Sergio García ya avisó que no está pasando por su mejor momento.
"Las sensaciones son muy malas. Voy dando golpes muy muy malos y para ambos lados. Ahora derecha, ahora izquierda. No sé por dónde ir. Me pongo en posición, espero que no me de un patatus y que la bola salga más o menos recta. Desde Singapur llevo dando unos hierros muy malos. Y también con el driver. Y si no funciona este palo, que es lo que me he hecho bien toda mi vida, el resto se viene abajo y se pierde la confianza", empezó diciendo.
"Y las cosas se pueden ver de muchas maneras. Podría decir que bien peleado y que es una hazaña pasar el corte jugando tan mal o con estas sensaciones tan malas. Podría decir que si estuviera un poco mejor, estaría con opciones... Y lo tercero que puedes pensar es que cuándo va a cambiar esto. Que es lo que más me preocupa. Porque pegarle como le estoy pegando me trae pensamientos que no son de los más bonitos. (Y hace el gesto de colgar los palos). Nos vamos acercando, cada vez estamos más cerca. No es un calentón de una semana, es un calentón de cuatro meses", finalizó con una pequeña sonrisa.