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Los retos del Papa Francisco para construir una nueva economía al servicio del otro

El periodista y sacerdote Josetxo Vera ahonda en 'Siempre aprendiendo' en la última encíclica del Santo Padre, 'Fratelli tutti'

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Josetxo Vera
Twitter Josetxo Vera

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 17:14

Aquí seguimos con esta encíclica, "Fratelli Tutti", donde hoy vamos a dedicar un Siempre Aprendiendo a la economía. Dice el Papa que hace falta una economía con principios éticos.

El Papa Francisco mira a la economía desde una lectura del Evangelio observando las consecuencias que han tenido los abusos de los modelos económicos que están vigentes para la gran mayoría de la humanidad. Si hacemos una mirada global al mundo no se nos escapa ver cómo hay sistemas que han funcionado en una parte del mundo, pero que han dejado a la otra parte desolada. Y como la mirada de Fratelli Tutti es global, el Papa se da cuenta de los desajustes que tienen unos sistemas económicos en el resto del mundo.

Por eso el Papa acude a la Doctrina Social de la Iglesia para recordarnos algunos principios básicos. Por ejemplo, la propiedad privada, que es un bien, está subordinada a un principio fundamental que es el destino universal de los bienes creados. Por tanto el Papa insiste en la función social de la propiedad privada.

Dice el Papa Francisco que “no se pueden hacer soluciones para los pobres, sin los pobres”. “Se debe abrir camino a oportunidades diferentes, que no implican detener la creatividad humana y su sueño de progreso, sino orientar esa energía con cauces nuevos”.

Lo primero que nos pide el Papa es un nuevo estilo de vida. Hay reglas económicas que han resultado eficaces para el crecimiento, pero no para el desarrollo humano integral. Ha habido reglas económicas que han favorecido a unos y perjudicado a otros.

Un nuevo estilo de vida que viene empujado por la situación de la pandemia. El mundo avanzaba hacia una economía que tenía sus esperanzas en los avances tecnológicos para reducir los costes humanos. De repente ha llegado una pandemia que lo ha puesto todo vuelta al aire. Algunos pensaban que bastaba la libertad de mercado para que todo quedase asegurado.

La incertidumbre en la que vivimos ahora mismo, la conciencia de los propios​ limites que tenemos nos obligan a plantearnos nuevos estilos de vida. No es fácil, pero es una obligación que tenemos cerca. Es necesaria una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas y que tenga en el foco la dignidad humana. Sobre ese pilar se deben construir las estructuras sociales y económicas alternativas que necesitamos.

Señalando otro de los problemas, Papa Francisco habla de especulación financiera, la economía ficticia donde se busca el beneficio a corto plazo. Esa economía sigue causando estragos, el dinero por el dinero y que no crea riqueza. Hace falta una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial.

El Papa nos pide diversidad y creatividad. Es necesario pensar en la participación social, política y económica de todos. Es una tragedia de nuestro tiempo la ausencia de asociaciones y el criterio de personas que se reúnen para conseguir un bien de la sociedad es un criterio muy valioso, que debe ser tenido en cuenta. No puedes hacer una ley de educación sin los que educan o una ley de sanidad sin la opinión de los médicos.

Si dejas a la política sin asociaciones sindicales o de vecinos o sin el control de la sociedad, la política se convierte en un beneficio particular. Para esto hace falta una sana política que convoca a los más diversos sectores y a los saberes más variados. Lo mismo pasa con la economía que tiene que estar integrada en un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común para abrir camino a oportunidades diferentes, que no detengan la creatividad humana y el sueño de mejorar.

Con ese ejemplo del “Buen Samaritano” nos dice que necesitamos vivir para el bien de los demás y esto en la economía es una necesidad. El Papa nos dice de ser creativos y de ser partícipes del bien de los demás.

El Papa nos hace un ejemplo que sirve bastante: el ejemplo de las personas que sufren la solidaridad que se vive entre ellos. Los últimos, los que sufren, los pobres, nos recuerdan una verdad que la civilización parece haber olvidado que es el valor de la solidaridad, el valor del servicio de unos a otros. Este ejemplo de solidaridad nos tiene que ayudar a construir una nueva forma de relacionarnos también en el punto de vista económico. Solidaridad es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. Si no has tenido esta sensación de la solidaridad de las personas que sufren, prueba a acercarte a ellos. Esa misma solidaridad se vive en algunos barrios populares, donde existe el espíritu del “vecindario” por el que cada uno siente espontáneamente el deber de acompañar y ayudar al vecino.

Papa Francisco aborda un par de temas más en esta parte de la encíclica. En primer lugar, la necesidad de compartir los bienes creados. Y también hay otro punto muy importante: el trabajo es un cauce para la realización personal. No podemos ser personas, integralmente formadas, sin trabajar. Tenemos que pensar cuál es el trabajo al que estamos siendo llamados.

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