Boletín
Imparables

Imparables

José Melero y Fran Simón

Solo en COPE.ES

    Los peligros de la estiba: “Salvé la vida nadando mientras los contenedores de hierro caían junto a mí”

    Conocemos la historia de Johhny, estibador desde los 18 años 

    Audio

    Cope.esImparables

    Tiempo de lectura: 3'Actualizado 02:27

    Por las venas de Johnny corre el mundo de la estiba. Viene de familia. Su abuelo, su padre y actualmente él y su hermano, son estibadores, es decir, los encargados de la carga y descarga de una embarcación. Los comienzos de Johnny como trabajador se remonta a hace 16 años. Tiempo en el que ha sufrido numerosos accidentes laborales: “En esta profesión los accidentes están a la orden del día. Ten en cuenta que trabajamos con hierro, que te hace polvo. Yo me he partido dedos de las manos y de los pies, pese a llevar puestas las botas de seguridad.”

    Johnny es consciente de los peligros que entraña su profesión: “Tenemos importantes medidas de seguridad, pero siempre hay riesgos. Yo por ejemplo soy gruista, que no es lo mismo que ser peón a bordo, que tienes que estar mucho más centrado en lo que estás haciendo, tener la cabeza en su sitio, porque a la mínima te ocurre algo.”

    Nuestro protagonista habla con conocimiento de causa. Además de los múltiples accidentes laborales que ha padecido, en el año 2011 estuvo a punto de perder la vida: “El barco que estábamos descargando se escoró. Yo me encontraba en una zona en la que estaba atrapado. Mis compañeros pudieron alcanzar la superficie dando un salto desde el barco. La situación era agónica. Pensé que no salía de aquello. Lo conseguí cuando sin pensarlo me tiré al agua, y empecé a nadar mientras los contenedores caían por delante y por detrás de mí. Yo soy un amante de la playa, y ese verano no fui capaz de pisarla. Me venía abajo.”

    Por fortuna, Johnny no tiene que lamentar secuelas físicas ni psíquicas de aquello, pese a que estuvo un mes de baja ante el impacto vivido: “Me costó superarlo, estuve un mes de baja psicológica, porque cada vez que iba al muelle me entraban los siete males, pero a día de hoy disfruto de mi profesión. Lo superé porque en nuestra empresa tenemos una psicóloga y me ayudó con terapia. Además, mi propio orgullo, convencerme de que lo que me ocurrió no iba a acabar conmigo, me hizo salir adelante.” El primer jornal después de la baja, recuerda el estibador, se tuvo que marchar a casa en medio de la faena, ya que el barco donde estaba trabajando aquel día era de similares características al que se había escorado semanas antes.

    Pero lo que más dolió a Johnny fue la manera en la que algunos medios de comunicación trataron la noticia de su percance: “El tratamiento no fue el correcto. Daba la sensación de que algunos estaban deseando incluso mi muerte. Mi pareja de entonces me prohibió incluso que viera las redes sociales o los periódicos, por las barbaridades que se estaban diciendo.”

    La suerte es que Johnny puede contarlo. Otros compañeros se quedaron por el camino: “Tengo muchos amigos que perdieron la vida, y eso te deja tocado. De hecho, algunos de mis compañeros ya no van a bordo del barco por miedo. Fueron testigos de aquellos accidentes. Mi padre también tuvo uno importante, al precipitarse de un contenedor. Mi madre, la pobre, no gana para sustos.”

    Por todo ello, Johnny no comprende cómo hay sectores que se muestran críticos con los profesionales de la estiba: “Yo entiendo que siempre puede haber ovejas descarriadas, y pagamos justos por pecadores. Dicen que cobramos mucho. Yo invitaría a todos los que nos critican que vean un día a día de un estibador, y luego juzguen. Antes de hablar hay que informarse.”

    Y es que el estibador requiere de una buena condición física. Johnny acude cada día al gimnasio para mantenerse en forma: “Las posturas son difíciles, ya que te mantienes en una posición encorvada, y la espalda te fastidia mucho. Yo con solo 34 años tengo ya escoliosis, por lo que cuando estoy un par de horas sentado me tengo que levantar. A mi padre también le ha dejado la espalda hecha polvo.”

    Lo más