Manuel Cuevas, cantaor de saetas: "Yo creo que Dios me dio un don y, como creyente que soy, pues yo creo que Él me ayuda"
El reconocido artista se sincera sobre cómo afronta la dureza de la Semana Santa, los nervios y la emoción de cantar ante las imágenes en una entrevista en Poniendo las Calles
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Las saetas son mucho más que un cante; son una oración íntima, un lamento, la expresión popular del fervor que se desata en Semana Santa. En una entrevista en el programa Poniendo las Calles de COPE, con Carlos Moreno 'El Pulpo', el cantaor Manuel Cuevas, una de las voces más solicitadas por las hermandades, ha desvelado cómo vive desde dentro esta tradición. Su voz, que ha llegado a cantar a la Virgen del Rocío en presencia del rey, es un pilar de esta celebración religiosa que marca el paso de los días más importantes para los creyentes.
Cuevas se enfrenta cada año a un reto mayúsculo: el frío, la humedad y la falta de descanso, enemigos naturales de cualquier cantaor. Sin embargo, para él, la clave está en la fe. Como creyente que soy, yo creo que Él me ayuda", confiesa. El artista atribuye su capacidad para mantener la voz en perfecto estado a un don divino. "Es verdad que hasta yo mismo me sorprendo de que me aguante la voz", admite, reconociendo que factores como el humo de los incensarios también suponen un desafío.
La preparación para una voz única
Aunque confía en la ayuda divina, Manuel Cuevas no deja nada al azar. Su voz es un músculo que ejercita durante todo el año. "Como soy cantaor de flamenco, pues estoy todo el año haciendo cosas", explica. Al llegar la Cuaresma, su garganta ya está "metida en liebre", un término del argot para decir que está completamente preparada. Esta preparación constante es fundamental para afrontar el maratón de actuaciones que supone la Semana Santa.
Manuel Cuevas, cantaor de saetas
A su entrenamiento vocal se suma un estricto cuidado personal. El cantaor se define como "una persona muy deportista" que prioriza el bienestar físico. "Me gusta comer bien, cuidarme", asegura. En lugar de recurrir a fármacos, prefiere los remedios tradicionales de la "escuela antigua", como el jengibre y el limón, para proteger su garganta. Un estilo de vida saludable que, según él, es clave para que el cuerpo y la voz respondan en los momentos decisivos.
Aguantar la emoción, el reto más difícil
Más allá de lo físico, el mayor desafío para Cuevas es el torrente de sentimientos que aflora al cantar. "Ha habido veces que incluso me he tenido que descentrar un poco", revela. La devoción del público, las lágrimas de una anciana o la imagen de un niño pueden traerle recuerdos de su propia familia y hacer que la emoción sea casi incontrolable. En esos instantes, la profesionalidad y la fe se dan la mano para poder seguir adelante.
Aguantar la emoción, aguantar el frío, aguantar el jaleo"
Con el paso de los años y el reconocimiento, la presión ha aumentado. Cada vez me pongo más nervioso", confiesa Cuevas, porque el público exige un nivel de excelencia constante. Sin embargo, la experiencia le ha enseñado a gestionar esa tensión. Describe su transformación antes de actuar como un momento de máxima concentración, una seriedad que sorprende incluso a su círculo más cercano: "Es que no parezco ni yo".
Un privilegiado por toda España
Manuel Cuevas no solo canta en Sevilla; su arte recorre toda Andalucía y más allá. Ha llevado sus saetas a lugares como Palencia, Ciudad Real o Barcelona, demostrando la universalidad de este cante y la forma en que se vive la Semana Santa en toda España. Se siente "muy, muy afortunado" por esta oportunidad, un "privilegio" que le permite estar cerca de imágenes de gran devoción.
Cuando se hacen las cosas con de verdad y con cariño"
Manuel Cuevas, cantaor de saetas
De todas sus actuaciones, recuerda con especial "orgullo" la que tuvo lugar en 2015 en presencia del rey. Pero para él, cada rincón de Andalucía guarda un tesoro. "Nos falta tiempo ver la riqueza que tenemos en Andalucía", reflexiona, mencionando la profunda impresión que le causó la Virgen de la Soledad en Cabra (Córdoba). Al final, concluye que el secreto es la autenticidad: "Cuando se hacen las cosas con de verdad y con cariño [...] yo creo que eso es lo que más ha salvado".
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