Pablo Morello, responsable del Banco de Germoplasma de Olivo de la Universidad de Córdoba: "No tendremos las variedades de olivo de hoy, pero sí otras que sean buenas agronómicamente"
El experto explica en 'La Tarde' cómo han logrado incluir este cultivo mediterráneo en la Bóveda de Svalbard, el arca de Noé de la biodiversidad
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El olivo, uno de los cultivos más emblemáticos del Mediterráneo, ya tiene su réplica de seguridad en el lugar más remoto del planeta. Gracias a un proyecto liderado por la Universidad de Córdoba se ha logrado incluir por primera vez semillas de olivo en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, búnker subterráneo en el Ártico diseñado para salvaguardar la biodiversidad agrícola mundial.
Así lo ha explicado en 'La Tarde de COPE' Pablo Morello, responsable del Banco de Germoplasma de Olivo de la Universidad de Córdoba.
Esta especie de 'Arca de Noé' vegetal se encuentra en un archipiélago noruego, a más de 1.000 km del Polo Norte. Hablamos de una cámara subterránea excavada a 120 metros de profundidad y que está diseñada a prueba de bombas, terremotos e inundaciones, manteniéndose a una temperatura estable de 18 grados bajo cero.
Su objetivo no es otro que preservar la diversidad genética para desarrollar cultivos que resistan los desafíos del futuro, como explica Mary Haga, de Crop Trust, organización que impulsó su creación: "Necesitamos esta diversidad genética para desarrollar cultivos que resistan a temperaturas más altas, a nuevas enfermedades o que aporten más nutrientes".
Un hueco para el olivo en el 'Arca de Noé' vegetal
La ausencia del olivo en la bóveda, la fuente de una de las grasas vegetales más saludables, pilló por sorpresa a los propios investigadores. Pablo Morello ha aclarado que tiene explicación científica: las variedades de olivo que conocemos, como la picual, no se propagan por semilla, sino por clonación (propagación vegetativa). Por ello, guardar sus semillas no permite recuperar los olivos exactos que tenemos hoy.
No vamos a poder tener las variedades que hoy tenemos, pero sí otras que pueden ser también muy buenas agronómicamente"
Responsable del Banco de Germoplasma de Olivo de la Universidad de Córdoba
El material genético enviado, sin embargo, es de un valor incalculable por las semillas, que proceden de la polinización cruzada y abierta entre distintas variedades, por lo que contienen una importante diversidad genética.
Como ha detallado Morello, estas no darán lugar a las variedades actuales, sino a otras nuevas. Esto abre la puerta a futuros olivos con características muy deseables y capaces de adaptarse a nuevos escenarios.
Una doble copia de seguridad
El envío ha consistido en un total de 27.000 semillas: unas 25.000 representan la biodiversidad del olivo cultivado, mientras que el resto provienen de poblaciones silvestres. De cada muestra, 500 se han depositado en Svalbard, otras 500 se custodian como copia de seguridad en el Centro Nacional de Recursos Fitogenéticos (CRF), y las 500 restantes se usarán para realizar pruebas periódicas de germinación y viabilidad.
El divulgador científico Jorge Alcalde ha subrayado la importancia de este hito, calificando de "raro" que un cultivo tan relevante no estuviera ya presente. "Ojalá no tengamos que ponerla en práctica nunca", ha comentado, recordando que gracias a las depositadas en Svalbard "se están pudiendo reintroducir" cereales que habían desaparecido en Siria por la guerra, recuperando así una actividad económica y nutricional que se había perdido.
Chimpancés, los otros consumidores de alcohol
En otro orden de cosas, Jorge Alcalde también ha comentado un estudio realizado por la Universidad de California que revela cómo los chimpancés podrían dar positivo en un control de alcoholemia. Y es que, estos primates buscan expresamente las frutas más maduras que han iniciado un proceso de fermentación y, por tanto, contienen etanol.
El consumo equivale a "haberse tomado tres cañas de cerveza en ese día".
Chimpancé
Los científicos han llegado a esta conclusión tras analizar los restos de metabolitos de alcohol en la orina de los chimpancés. La gran pregunta es por qué lo hacen. Aunque puede que la sensación les guste, la hipótesis más plausible es que sea un truco de la evolución.
La fruta más madura y con más etanol es también la que tiene un mayor aporte calórico, por lo que esa ligera 'embriaguez' podría ser un gancho de la naturaleza para que prefieran los alimentos más nutritivos.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.