Jaime Villarroel, obispo de Carúpano: "Hoy Venezuela es un campo de concentración"

El obispo de Carúpano narra la situación de desabastecimiento e inseguridad que se vive en el país

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El obispo de Carúpano, en La Tarde: "El régimen de Maduro está matando a su propia gente"

La TardeMadrid

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 18:04

Carúpano es una ciudada venezolona que está al noreste del país y que "sufre la falta de comida, de medicina, la represión de Maduro...", según ha contado en La Tarde el obispo de esta diócesis, Monseñor Jaime Villarroel, que ha hecho un retrato dramático de la situación que se vive en el interior del país, más allá de Caracas. 

"En Caracas se trata de mantener la normalidad, porque hay seis millones de personas pero cuando uno va al interior de Venezuela, encuentra que la realidad es mucho más dura y más difícil", relata Villarroel.

"No hay alimentos, no te llegan", porque "el Gobierno ha destruido todo el aparato productivo de Venezuela, la agricultura, ha confiscado millones de hectáreas de tierra que han sido abandonadas. Venezuela, cuando llegó este régimen hace 20 años, producía el 80 por ciento de todo lo que consumía. Hoy Venezuela no produce ni el 20 por ciento de lo que consume". Este es el retrato que hace el obispo de Carúpano.

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Cuenta Monseñor Villarroel que en Venezuela "los hogares están siendo dividos", porque la "desesperación" lleva a que los jóvenes se marchen de sus casas y además, surgen mafias en torno a la trata de personas, que llevan a los más jóvenes a la prostitución, o a los trabajos forzados. Estas mafias también están implicadas en la venta de órganos, cuenta el obispo de Carúpano.

En Venezuela hay un sistema comunista, totalitarista, que está matando a su propia gente

"Es una realidad muy difícil, fruto de un sistema comunista, totalitarista, que está matando a su propia gente", lamenta Villarroel. "Hoy Venezuela es un campo de concentración", sentencia.

La situación es dramática, puesto que "hay grupos policiales, militares, que van a los barrios a hacer limpieza". "Entran en las casas, destrozan los bienes que hay se llevan a los jóvenes y al otro día aparecen muertos", explica. ¿La excusa oficial? "Dicen que hubo enfrentamientos y que se resistieron. Esto está pasando en toda Venezuela". "La manera que tiene el Gobierno para controlar la delincuencia es la violencia y violar los derechos de las personas".

Además de estas muertes, hay otra gente que está huyendo: "Carúpano queda al lado de Trinidad y Tobago, una isla a la quen llegas en tres horas navegando. Por ahí están saliendo barcos en condiciones peligrosas. En abril y mayo naufragaron dos barcos donde desaparecieron más de 60 personas".

En esta fotografía de lo que es hoy Venezuela, Monseñor Villarroel aporta más datos. "El índice de desnutrición en niños de entre 0 y 5 años  está por encima del 20 por ciento", por lo que en el país solo se puede "sobrevivir y mal vivir como se pueda". Al ser un clima tropical, muchos "por lo menos comen fruta todos los días, la misma fruta todos los días". Y si no, la dieta es simple: "Arroz con pasta o pasta con arroz".

Jaime Villarroel, obispo de la diócesis de de Carúpano, con Fernando de Haro

 

Al desabastecimiento de comida se une el de material médico: "Los hospitales están destruidos. Tienes que llevar lo que necesitas para operarte". Esto lo acompaña de datos: "El año pasado murieron más de 18.000 niños recién nacidos. Más del 25 por ciento de la madres mueren dando a luz, porque no hay atención médica".

En los diálogos que hubo para alcanzar la paz, Monseñor Villarroel recuerda que se basaban en tres puntos: 

Permitir la entrada de ayuda humanitaria en Venezuela. Pero "el Gobierno se niega".

Dejar en libertad a los 500 presos políticos, "algunos le están vejando sus derechos humanos".

Y el tercer punto era la celebración de una elecciones democráticas con observación internacional. "El Gobierno se burló, lo rechazó".

"Lo que está haciendo el Gobierno es ganar tiempo para seguir en el poder. Lo han dicho públicamente, 'de aquí no nos vamos y nosotros tenemos las armas'", advierte Monseñor Villarroel.

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