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La foto: "El naufragio no puede ser el final obligado"

Una foto de La Vanguardia, la foto del día para Fernando de Haro

Fernando de Haro

'La Tarde'

Madrid

Tiempo de lectura: 2Actualizado19:10

La foto que me ha llamado la atención la publica hoy La Vanguardia. Una señora, de espaldas, es la protagonista. Ocupa el centro del cuadro, la izquierda y la derecha de la composición son simétricas. La señora tiene frío, esta escalofriada por la humedad. Y se mete las manos en los bolsillos con avidez y se tapa la cabeza con la capucha de una sudadera azul. Mira con sus manos de frío y con su nariz enrojecida que no se ve en la foto un mar enfadado, un mar de temporal, una fatalidad de agua que ha inundado la playa, que se ha llevado lejos la arena rubia. El puentito de madera que en los meses del verano es una pasarela hacia el baño está anegado y cubierto por una espuma sucia.

Mira y remira la mujer de la foto el horizonte de un turquesa sucio en el que todo parece alejarse hacia un cielo gris. El puentito de madera no sirve para alcanzar caricia alguna de unas olas que se han vuelto feroces. El puentito acaba en la boca de una mar oceana que todo se lo lleva, que todo lo aleja. Piensa la señora de la capucha que el tiempo es como esa agua salada y cruel que todo lo deja sin sabor, que se lleva hacia un horizonte lejano lo que estaba en la orilla, que condena al naufragio hasta lo que parece más solido. Y esa mar oceana, tirana, señora de la nada, figura de las horas, luego devuelve desfigurados los aperos, los timones, las vigas, los restos de lo que flotaba y quedó convertido en mala madera humeda y carcomida, que ni sirve para encender candela. La señora de las manos en los bolsillos quizás mirando los turquesas del temporal tiene la sensación vertiginosa de la resaca de los días: que todo parece alejarse hacia la lejanía. También a ella las olas le rugen dentro, le claman dentro: no, no puede ser, el naufragio no puede ser el final obligado. Y la señora de la capucha azul se queda hasta la noche mirando el horizonte, esperando atisbar un punto, un solo punto sobre las olas que no se esté alejando, que se acerque.