La foto: "Han encontrado la tumba del señor Merrik. Propongo que peregrinemos a ella"
Fernando de Haro elige una foto de El Mundo para cerrar el programa de este viernes

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La foto que me ha llamado la atención hoy la publica El Mundo. Es una foto que ya conocía, pero que este viernes he mirado y remirado. Es una instantánea antigua y pequeñita, en blanco y negro. El protagonista es un hombre desnudo de cintura para arriba: la mano derecha, el estómago y el pecho tienen una extraña forma, como si sus miembros se estuvieran derritiendo. El lado derecha de la cara conserva alguna normalidad, se puede distinguir un ojo y la forma de la nariz, pero el lado derecho se estira y se alarga como si le hubiera caído una bomba térmica. Es un retrato del señor Merrick, un hombre desgraciado que vivió a finales del siglo XIX en Inglaterra. Desgraciado, muy desgraciado físicamente y desgraciado por las malas gentes que se aprovecharon de él y lo convirtieron en una atracción de fiera, lo explotaron como una rareza de la que reirse y con la que divertirse. Aunque providencialmente encontró almas con compasión: un doctor, una actriz, que consiguieron ponerle a salvo. El médico que se convirtió en su ángel de la guarda, decía del señor Merrick que, a pesar del todo el mal y de todas las penurias que había sufrido era tierno, afectuoso, y adorable, educado y lo más sorprendente, era agradecido el señor Merrick. El señor Merrricck guardaba siempre consigo un retrato de su madre y guardaba siempre muy vivo el recuerdo de la mujer que, siendo ya mayor, por primera vez en su vida, le había sonreído y dado la mano. El señor Merrick no había podido corresponder a ese gesto porque su rostro no podía esbozar una sonrisa. La sonrisa de la gran señora le hizo estallar en llanto.
El señor Merrik y su foto son esas excepciones, pocas, extrañas, sorprendentes excepciones en las que la contrariedad, la máxima contrariedad, la fatalidad de la naturaleza, la suciedad perversa de los hombres o simplemente su debilidad, su cobardía, su mezquindad, no hacen mella, no se convierten en una caja de resonancia que multiplica el mal sufrido. Han encontrado la tumba del señor Merrik. Propongo que peregrinemos a ella.



