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La foto: "Este irse de la infancia no acaba de llegar"

Fernando de Haro elige una foto de La Vanguardia para cerrar el programa

Fernando de Haro

'La Tarde'

Madrid

Tiempo de lectura: 2Actualizado19 jun 2019

La foto que me ha llamado la atención hoy la publica la Vanguardia. Es una foto antigua, de 1929. Al fondo un pueblo suizo en una pequeña colina y en primer plano una mozuela sobre un campo agostado y seco. La mozuela es Gala, la mujer de Dalí, que se ha inaugurado en la Fundación que lleva su nombre una exposición dedicada a los dos. Gala está en la foto con pantalones cortos y una camiseta de tirantes, ,las piernas largas, el pelo corto y acaracolado. Tiene su cuerpo la belleza de la mujer que va a ser, está viniendo y marchándose dulcemente, de un camino a otro camino, en ese momento en el que es pie es breve pero la luz no es necesariamente alegre, en ese momento en el que una ha dejado de ser niña pero no es todavía la que va a ser.

Y este estar viniendo para marcharse, este irse de la infancia no acaba de llegar, que no sabe una quién es. Y esto se se le nota en la postura de la foto: una pierna doblada y la otra levantada, con las manos debajo, como queriéndose abrazar pero no cogiendo más que viento cálido de verano, y la cabeza inclinada sin que los ojos se alcen, mirándose las muñecas y los dedos, como si las manos no estuvieran hechas para tocar, para abrazar lo que haya de venir de fuera. En este ovillo en el que está convertida la protagonista de la foto, no hay más que un mirarse y remirarse, por dentro y por fuera, en este ovillo hay mucho yo y poco tú, y mucho imaginado y poco sucedido, y las montañas suizas y el cielo suizo, muy inmensos y muy grandes, no aparecen por ninguna parte. Toda ella, la chica de la foto, está vuelta hacia si misma y no acaba de pasar el puente y no acaba de dejar que otros digan su nombre, lo repite ella misma una y otra vez con la cabeza gacha: y esta salmodia es como una condena. Allí quedó Gala en el prado suizo hasta que una voz, un abrazo, un algo o un alguien le hizo levantar la cabeza. Y entonces sí, se fue dulcemente lo propio de la infancia y vino más dulcemente lo de ser persona crecida: ser deletreado desde fuera. Gala creció, nosotros no si hemos puesto si quiera el pie en el puente o mirado al monte.