Las “chicas del radio”: Una historia de lucha por la justicia que cambiaría las leyes laborales para siempre

En este nuevo episodio de “No te olvides de mí”, Laura Garkas ha venido a ' la Noche de COPE' para acercarnos todo lo que estas mujeres han vivido

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La Noche

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 08:01

Esta semana Laura Garkas ha querido rendir un tributo muy especial a un grupo de mujeres que eran conocidas como las “muertas vivientes”, las “mujeres fantasmas” ylas chicas del radio. Eran brillantes de noche y radiactivas todo el día. Perdieron dientes, desarrollaron tumores y en sus lechos de muerte, se enfrentaron a una lucha legal que acabaría cambiando las leyes laborales para siempre.

Hace justo 100 años, unas jovencísimas pintoras de relojes comenzaron a enfermar misteriosamente. Trabajaban en United States Radium Corporation, unas fábricas de relojes de Nueva Jersey, donde se manipulaba un desconocido y aparentemente “mágico” elemento químico.

Se trataba delradio, un elemento químico extremadamente radiactivo. En los años 20 acababa de ser descubierto por el matrimonio Curie. Era precioso, brillaba en la oscuridad y parecía mágico, por lo que se creó una pintura especial con sales de radio, para que los relojes brillasen en la oscuridad. Lo que hizo que se hicieran muy populares, pero sobre todo, muy peligrosos. Con el tiempo, los relojes no eran los únicos que brillaban en la oscuridad, sino también las trabajadoras de la fábrica.

A principios de 1920 y finalizando la Primera Guerra Mundial, pintar las esferas de los relojes era el sueño de las mujeres de aquella época. Era una labor muy bien remunerada, era sencilla y además, muy popular. Lo que no sabían es que acabarían pagando un alto precio por trabajar allí porque aparte de estar manipulando diariamente el radio, también se lo metían en la boca. La labor consistía en impregnar el pincel en la pintura y cuando las cerdas se separaban, usaban sus labios y lenguas para mantenerlos afilados.

Los encargados las animaban a hacerlo y además, las dijeron que el único síntoma físico que tendrían al tragar el radio, serían unas preciosas mejillas rosadas. Pronto se las comenzó a apodar las “Chicas Fantasmas”, ya que cuando iban a los salones de baile, literalmente brillaban en las pistas tanto sus dientes como sus ropas.

De hecho, muchas trabajadoras empezaron a acudir al trabajo con sus mejores galas para que así por la noche, sus vestidos destacasen en los eventos sociales. Las llamadas “Chicas del Radio” comenzaron a ser la envidia de todas las mujeres y el radio, el elemento químico que todo el mundo quería poseer.

Y así fue. Pronto el radio estaba en todas partes: en la pasta dental, chocolates, tabaco, cosméticos, agua... Las mujeres se pintaban las uñas, los labios, la cara y la ropa con este elemento químico tan radiactivo. Se decía que era milagroso en pequeñas cantidades y hasta tenía el poder de rejuvenecer.

Dominó el mundo de la moda, gastronomía, ocio, decoración y belleza, hasta que saltó la primera alarma. Mollie Maggia, una trabajadora de la fábrica de relojes de 24 años, comenzó a tener los primeros síntomas de los peligros del radio.

Todo comenzó con un dolor de muelas. El dentista al extraérselas, descubrió que tenía unas úlceras enormes, rojas y amarillas, debido a la sangre y al pus. En poco tiempo, la infección se le extendió por la garganta, el paladar y el oído. Hasta su dentista quedó horrorizado al descubrir que la mandíbula de Mollie se le resquebrajaba entre sus dedos durante una delicada observación.

En seguida, sus compañeras tuvieron los mismos síntomas. La empresa de relojería vio peligrar sus contratos militares con el Gobierno y comenzaron a decir injurias sobre la vida sexual de sus empleadas. Los médicos por su parte, emitieron diagnósticos de lo más variados. Pero lo más escandaloso fue que, por aquel entonces, tanto la comunidad científica como los empresarios multimillonarios que empleaban el radio, sabían perfectamente que este elemento era extremadamente tóxico.

La propia Marie Curie, ya había sufrido graves quemaduras e incluso muchos otros trabajadores que habían manipulado el radio, habían muerto por envenenamiento. Y sin embargo, a estas trabajadoras de relojes, en ningún momento se les dio protección, ni información sobre los peligros de trabajar con el elemento químico.

Y esto no acabo aquí. Las trabajadoras al presentarlos mismos síntomas, decidieron unirse para hacer justicia. Llevaron a juicio a la empresa. Lo que no resultó ser nada fácil, ya que en aquella época, había un lento proceso judicial. Y encima, la empresa tenía muchos contactos para poder retrasarlo lo máximo posible.

Cuanto más se atrasaba el juicio, más se deterioraba la salud de las mujeres. En el año 1928 y con apenas cuatro meses de vida por delante, las mujeres víctimas del radio acudieron a los juzgados. Dos de ellas lo hicieron postradas en la cama sin apenas poder levantar los brazos para hacer el juramento. Y lamentablemente, la prensa dejó de llamarlas “Las chicas del radio” para denominarlas como “Las Muertas Vivientes”.

Por entonces, ya habían fallecido más de 50 trabajadoras. Presentaban anemias, tumores y necrosis en los huesos. Las empresas multimillonarias hicieron lo imposible para ganar la batalla. Intervinieron en los medios e incluso, en las autopsias. Llegaron a hacer desaparecer hasta los huesos visiblemente afectados de las víctimas. Y diagnosticaron sus muertes por sífilis, enfermedad de transmisión sexual.

Marie Curie tuvo que intervenir enviándoles una carta ofreciendo su ayuda a las mujeres y advirtiendo de que no había cura. Una vez el cuerpo tuviese contacto con el radio, era absolutamente imposible eliminarlo. Ella misma murió por estar en contacto con el elemento químico.

La batalla del radio fue un proceso largo y agotador. No fueron tomadas en serio hasta que el primer trabajador hombre de la fábrica falleció. Por lo que se llegó a exhumar el cuerpo de la primera víctima y se descubrieron sus huesos estaban llenos de radio, ya que el elemento tarda en eliminarse una media de 1.600 años.

El juicio no fue ganado hasta que en 1938, casi diez años después cuando Catherine Wolfe, una trabajadora en su lecho de muerte y contra las recomendaciones de sus médicos, dio el testimonio final a su abogado. El radio volvió a ocupar todas las portadas y se consiguió visibilizar otra vez el escándalo.

La lucha fue muy larga y traumática. Pelearon hasta su lecho de muerte, con grandes tumores en caderas y pies, necrosis en los huesos y una gran degradación bucal. Muchas mujeres se quedaron por el camino, pero no dejaron de luchar hasta el final. Gracias a ellas se acabó derivando en la creación de la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional en Estados Unidos en el 1971, bajo la presencia del entonces Presidente Richard Nixon. En la cual protegía la salud de los trabajadores.

El radio destruyó progresivamente a todo aquel que entró en contacto con él. A día de hoy, no se sabe cuántas personas llegaron a morir, pero la empresa United States Radium Corporation empleó alrededor de 400 trabajadoras. Aunque no fue el único negocio de radio. El caso de “Las Chicas del Radio” llegó a ser uno de los primeros en los que una empresa fue declarada responsable de la salud de sus empleados.

A pesar de que la justicia llegaría tarde para ellas, siguieron luchando por sus compañeras y los futuros trabajadores. Brillaban por dentro por culpa del radio, pero sin ninguna duda, brillaron más por fuera. Iluminaron el futuro laboral y una gran parte de la historiaque nunca les atribuyeron.

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